viernes, 6 de mayo de 2016

El post del viernes: cosas raras sobre mí

Esto de la bloggosfera es como una sociedad paralela, una especie de matrix. También hay corrientes o modas extremadamente contagiosas. Una de ellas es la de entrevistarse a uno mismo y escribir 14.000 cosas sobre tu vida. Generalmente en tandas de 50, lo cual es demasiada información. Quizá yo ya me he quedado viejuna y obsoleta en esto de internet porque ya he pasado de los 30, pero creo que una persona que lee un blog sobre maquillaje, sobre alopecia o sobre cultivos de secano está más interesada en el contenido que en cuántos idiomas habla la persona que lo edita (o cuántos huesos se ha partido, o en qué ciudades ha vivido por poner un ejemplo de ese vasto cuestionario). Así que he decidido, hoy post del viernes, o sea, post de publicar lo que me sale del níspero -como dice El Comidista- hacer una lista sobre cosas raras sobre mí.

Pasamos de la anécdota a lo bizarre.

Como mis lectores son muy inteligentes, pensarán: "Sí, maja, vas de blogger rebelde pero bien que todos los viernes nos cuentas tu vida". CIERTO. Aunque tomé esta decisión por tres motivos:

1) Relleno. Escribo cosas random sobre mi vida y no tengo que prepararme / documentarme un post sobre alopecia, que es un campo más especializado y complejo. Mi madre siempre me decía, cuando era pequeña, que lo mío era la ley del mínimo esfuerzo. Y no le faltaba razón, sólo que en lo laboral he ido por el camino más difícil. Aunque dicen que en las entrevistas de trabajo de Google contratan a los aspirantes que resuelven una situación de la manera más sencilla, rápida y sin esfuerzo. A lo mejor es una virtud.

2) Antes este blog formaba parte de mi tiempo de ocio (aunque he de reconocer que lo empecé como un desahogo casi narcisista, no pensé que iba a tener tanto éxito). Me relajaba escribir. Desde hace unos años mi trabajo está directamente relacionado con la alopecia, así que actualizar este blog, aunque no tiene mucho que ver en contenido, tono de voz y en cierto modo la audiencia, me recuerda mucho al curro. Ergo no desconecto. Por lo tanto, seguro que habéis notado que últimamente actualizo menos, esto es porque necesito vacaciones o más drojas.

3) Nos viene bien a todos olvidarnos, aunque sean cinco minutos los que tardes en leer este tocho, de la alopecia. Probablemente la caída del pelo es lo que ahora mismo más te preocupa del mundo mundial, y sólo por eso eres una persona muy afortunada (aunque no me creas, en un futuro me darás la razón, o al menos eso espero). No es bueno estar todo el día dando vueltas al monotema, ni tampoco es sano que te tires horas leyendo este blog. Muchas lectoras me dicen que el primer día que lo encontraron se pasaron la noche en vela artículo tras artículo. No. Eso no es sano.

Bueno, ya me he comido la mitad del post justificándome. Si es que excusatio non petita... Y aquí 10 cosas muy raras sobre mí:

1) Dicen que es de pobres, pero a mí me gusta chupar las tapas de los yogures. Eso sí, sólo si estoy sóla o con personas de mucha confianza. Aunque la verdad es que comer yogures en tarrina de plástico no es algo que se haga fuera del entorno familiar, supongo. Normalmente en los restaurantes, si acaso hay yogur de postre, te lo sirven en frasco de cristal y sin tapita. Lástima.

2) Me encanta crujirme las articulaciones, sobre todo los dedos. Ahora dicen que no favorece la aparición prematura de artrosis, que simplemente estallan burbujas de gas. Como si te pedorrearas. De todas maneras, como ya he cumplido 31 y tengo carga genética de artrosis por ambas partes, procuro evitarlo por si las moscas. La artrosis sí que es una enfermedad mucho más limitante y jodona que la alopecia: dolor constante durante años, pierdes movilidad y olvídate de hacer cosas que te encantan pero requieran precisión o fuerza con las manos para siempre.

3) Me gusta fumar puros habanos Cohiba. Sí. Como Sara Montiel. Lo probé en una boda por curiosidad, ya que los repartieron sólo a los hombres, a las mujeres nos daban cajitas con 4 cigarrillos de mierda en comparación, pero no triunfaron mucho (la ley antitabaco tampoco ayuda a fomentar el vicio dentro de los restaurantes, cosa que nos beneficia a todos). Así que me guardé uno en el clutch. No tiene nada que ver con el tabaco normal: me encantó el sabor, como amaderado y avainillado, aunque reconozco que me costó mucho encenderlo. Lamentablemente su precio (entre 15-20 euros la unidad) lo limita bastante a situaciones muy señaladas (además, si no estoy un poco piripi no me apetece fumarme un puro, y me refiero a puros sin venas, no seáis malpensad@s). De todas maneras el tabaco perjudica seriamente la salud y la de los fumadores pasivos.

3) No puedo comer con gafas de ver. Y eso que últimamente noto que estoy perdiendo vista de cerca (tantas horas con la pantalla del ordenador...). Supongo que es porque en las ópticas siempre se empeñan en ponerme miopía + astigmatismo en el cristal. Soy incapaz de coordinar agarrar cosas (vaso, pan) o tenedor-boca con las gafas. Me da la sensación de que tropiezo.

4) Hablo con mis gatos y les cuento mis cosas como si fueran interlocutores humanos. También con mis perros. Los chuchos son muy monos, inclinan la cabeza y parece que te escuchan con atención. Esto lo hacen no porque traten de oírte bien, sino para ver con más claridad. Pon tu puño justo a la altura de tu nariz, como si fuera un hocico. Eso es lo que el perro visualiza siempre, la sombra o silueta de su morro le quita campo de visión (pero con el olfato prodigioso que tienen tampoco les hace mucha falta tener buena vista). Cuando giran la cabeza no es para oír, sino para verte mejor. Los gatos, en cambio, no son muy de mirar mientras les hablas. A veces sí, pero con cierto desdén. Aunque si les hago chantaje con Catisfactions me prestan más atención. Pero si me entendieran, me comprenderían a la perfección, no hay animal más maniático y raruno que un gato. Los perros en cambio son seres de luz, transparentes, simples y sin dobleces (aunque en su etapa cachorro lo destrozan todo). Bueno, mansito es la excepción que confirma la regla, ese gato es puro amor.

5) Dormir en el lado derecho de la cama siempre y cuando esté orientada hacia la puerta (de todas maneras siempre coloco las camas así). Mi pareja dice que ancestralmente soy un hombre, pues en las cuevas se colocaban así para descansar. Mujeres y niños al fondo (protegidos) y aguerridos cavernícolas más cerca de la entrada, para defender a su familia de invasores o alimañas. Qué cosas.

6) Ahora me ha dado por comprar y coleccionar facsímiles de grimorios (las versiones baratas de imprenta normal, ya me gustaría a mí poder coleccionar facsímiles de los buenos). Entre el huerto, el gato negro y el secadero de plantas medicinales que me estoy montando en la terraza, me voy a convertir en toda una bruja del bosque. Lástima que con este culo no voy a poder volar muy alto con la escoba, tendré que conformarme con deslizarme sobre el aspirador.

7) Cuando bebo agua, bebo o bien 8 (si no tengo mucha sed) o bien 12 tragos. Ni uno más, ni uno menos. Y esto desde pequeña. Tela. Si el vaso no da para 12 tragos, me sirvo otro. El sobrante lo tiro (bueno, ahora mismo lo uso para regar el tiesto de perejil que tengo en la cocina).

8) Tengo la manía de guardar todo en cajas, de esas de colorines. Pero todo, todo, desde libros hasta herramientas, bisuta, maquillaje, componentes informáticos, material de oficina... Luego no encuentro nada porque no lo veo. Lo bueno de esto es que te das cuenta de que el 80% de las cosas que acumulas, sobra. Nota mental: poner etiquetas.

9) Puedo tirar ropa que está vieja, donar la que no uso, deshacerme de pongos, cambiar las cortinas, las alfombras, regalar discos o dvds etc... Pero nunca nunca nunca regalaré ni tiraré mis libros. Los libros hay que acumularlos y almacenarlos de por vida. Tengo todos: de TEO, literatura juvenil, manuales de la universidad, novelas, ensayos, grandes clásicos...

Prestarlos... bueno, a veces, pero con mucho recelo e insistencia de que me los devuelvan rápido. De todas maneras, estos últimos años con la revolución Kindle / tinta electrónica (y que cada vez la gente lee menos) lo de pedir libros ya no se estila. A la mierda otra buena forma de ligar offline.

10) Los sábados normalmente no hago ni el huevo. Los domingos (si no estoy de viaje), trabajo. Si no hago nada un domingo, me siento culpable y mal. Cuando era estudiante normalmente los exámenes más importantes caían en lunes. De ahí me ha quedado el hábito de pegar el último apretón el domingo, por haber procrastinado o remoloneado el sábado... Así que, ese día que la gente aprovecha para pasear por el campo o ir al cine, yo hago la colada, cocino tápers, reviso la contabilidad, hago los escandallos pendientes de la semana, hago labores de mantenimiento en casa etc etc...

Pero no os penséis que esto lo dejo en 10 cosas y ya. Tengo muchas más "peculiaridades", la mayoría mejor no contarlas, soy más rara que un pez con melena ;-P

2 comentarios:

Bea dijo...

Eres una crack! :)

Blog de Alopecia Femenina dijo...

jajaj gracias BEa, lo que soy es una tía muy muy rara!

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