viernes, 11 de marzo de 2016

El post del viernes: yerbas que tener siempre en el botiquín

Imagen: Herbolarios Cuídate.
Siempre he querido tener un herbolario. Y ya sabéis, las vueltas que da la vida. Ahora soy mayorista (no lavo cabezas, jejeje). Bueno, siempre me ha gustado leer y documentarme sobre los beneficios que pueden ofrecernos las plantas. El fin de semana pasado descubrí una propiedad de la cayena que me parece imprescindible en cualquier botiquín. De ahora en adelante voy a guardar un bote de cayena en polvo en mi baño junto a la mooncup, la caja de ibuprofenos y el betadine.

Quien me conoce sabe que soy extremadamente torpe y poco habilidosa, pero tengo grandes dotes culinarias. Me gusta pasar tiempo en la cocina, sobre todo ahora que en vez de vivir en el típico apartamento tamaño roulotte en el que he estado siempre, en mi casa la cocina es grande (habitual en los pueblos, cocina muy grande, dormitorios pequeños). Tengo espacio y  puedo moverme con comodidad sin que mi culo tropiece con la puerta de la lavadora o con el cubo de basura.

El finde pasado estaba fileteando una zanahoria con la mandolina (más afilada que la Hattori Hanzo de Uma Thurman) y me rebané la yema de un dedo. Aunque la herida tenía poco más de 2 mm de diámetro, me puse a sangrar como si no hubiera un mañana. Sé que hay zonas muy vascularizadas, como el cuero cabelludo, y creedme que por mi torpeza tengo experiencia en cortes, raspones y magulladuras de todo tipo. Pero eso no era ni medio normal. Llevaba casi una hora sin poder cortar la hemorragia probando de todo. Agua fría, agua oxigenada, presionar con algodón, dedo en alto... Incluso me hice un torniquete en el pulgar con el cable USB del móvil.

Estaba ya desesperada y a punto de tirar la toalla (manchada de sangre), esperando a que mi pareja llegara a casa para que me llevase a urgencias (sangrando de esa manera iba a dejar el volante y todo perdido). Hasta que leí en Google una manera casera de cortar hemorragias: la cayena.

Sí, sí, cayena molida para condimentar. Por suerte estoy bien surtida de especias y lo probé. La primera sorpresa es que pensé que iba a escocer de cojones mucho, pero no. No sentí nada. Si acaso calor. La segunda fue todavía mejor: en lugar de ver fluír la sangre a goterones, a los pocos segundos empezó a formarse una especie de coágulo oscuro gelatinoso. En cosa de cinco o diez minutos se hizo una costra. Por precaución esperé media hora, me lavé con agua y el corte había dejado de sangrar. Una tirita y a la cama, a ver capítulos de la quinta temporada de Girls. Ojo tiene que ser cayena molida, no vale la pimienta ni el pimentón (aunque se parezca). La capsaicina de la cayena tiene efectos cicatrizantes y también antiinflamatorios.

No entendía por qué de un corte de nada (de nada, en serio) había pasado algo tan gore y aparatoso. Pero creo que tengo la respuesta. Hace un año empecé a tomar té verde cada día (extracto). Es un antioxidante potente pero también un antiagregante plaquetario. Es decir, tiene un efecto (más laxo, por supuesto) similar al sintrom. Está recomendado en personas que han sufrido o tienen riesgo de padecer infartos y embolias. Ahora me voy a tomar un descanso de un par de meses sin tomar té verde, no vaya a ser que me corte con un folio y mi despacho parezca la matanza de Texas...

Otras cosas que son muy interesantes para llevar en el botiquín son las siguientes: la patata. Sí. Una patata normal y corriente, de las de cocinar. Si te quemas, corta por la mitad y restriega (obviamente si se trata de una quemadura importante vete corriendo a urgencias) la pulpa en la zona afectada. El alivio es casi instantáneo, funciona especialmente bien con las quemaduras solares (para mí, mejor que el aloe vera incluso, primero la patata y luego me doy crema de aloe o after sun).

Y por último (que se me ocurra ahora, pero hay muchas más), la miel. Miel de abejas de la buena, nada de esa que venden en el súper que es como sirope (de hecho probablemente sea sirope). La miel tiene propiedades antiinflamatorias. Una noche iba tan cogorza distraída que tropecé con un bordillo y me di de cara contra el asfalto. Al día siguiente amanecí desorientada y con un ojo morado. Menos mal que no caí de morros. Me puse un apósito de miel, previamente refrigerada, y se bajó muy rápido. A ver qué excusa iba a poner en el trabajo (sabían que tenía una despedida de soltera...).

En muchas ocasiones abusamos de químicos y fármacos cuando podemos encontrar un alivio casi instantáneo en la cocina. Y son productos muy cotidianos, no hablo de raíz de mandrágora o de extracto de belladonna (que también, pero para eso hay que ir al herbolario).

Feliz fin de semana! Espero no accidentarme!



1 comentario:

Anónimo dijo...

Gracias !! No sabia eso, jejeje pero mi pareja es extranjero y le encanta la cayena, yo la como por el y estoy medio acostumbrada aunque no siempre puedo con ella jejeje y lo que si se que hace es que si estas resfriada te desentapona la nariz y te hace circular bien la sangre del picante jajaja

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