sábado, 23 de enero de 2016

¿Es un efluvio telógeno o es la tiroides?

Tiroides de peluche. www.curiosite.es
Mucha gente experimenta caída de pelo bastante acuciante en otoño. Otras personas lo notan más en primavera. Esto es normal, no hay que alarmarse, el cuerpo se adapta a los cambios, y generalmente el pelo perdido se recupera (de manera más lenta si ya padeces otro tipo de alopecia).

No era mi caso (seguramente sí se me caía algo más, pero tampoco nada exagerado) hasta este año pasado. He quitado madejones de pelo del cepillo cada día (así como desastascar el sumidero) durante casi todo el otoño, cosa que otros años no he percibido igual. También he estado aproximadamente dos meses con una falta de energía muy importante. Muy fatigada, apática, desganada, irritable, triste, con problemas para conciliar el sueño por la noche... Luego por la mañana no había quien me echara de la cama (e ir a trabajar se me hacía un mundo)..

No sé si recordáis mi fugaz episodio de "meteorismo aerofágico" el día de Halloween, por comer una tarta de chocolate elaborada con alubias rojas en lugar de harina refinada. Y que conste que la receta ha sido un éxito (es el post más leído del año pasado), pero a mí me sentó fatal. Tuve unos dolores punzantes horrorosos durante horas. Estuve a punto de llamar al 112. Al final, todo fue un susto. Eran gases. Prrrrr. Bueno, pues justo desde principios de noviembre hasta que he vuelto de vacaciones de Navidad (me cogí unos días entre Año Nuevo y después de Reyes) estaba hecha un trapito, y el pelo se me caía como nunca. De hecho,  perdí hasta pestañas (todavía no me han crecido, por cierto).  A nivel físico me encontraba bastante mal, pero a nivel emocional mucho peor. El otoño es mi estación favorita del año, me encanta su luz, sus colores ocres y naranjas, su atmósfera... ¡Cómo iba a estar triste en otoño, si es la repera!

Pues el otro día leí un artículo muy interesante sobre la glándula tiroides y los problemas metabólicos en el blog Fisiomorfosis, y vi algo que me llamó poderosamente la atención:

  • ¿Tiendes a la depresión durante el otoño o la primavera?
Las fluctuaciones ambientales de la temperatura pueden causar estragos en la función tiroidea normal. Por ejemplo, durante el otoño y la primavera puede existir una diferencia de 2-5 grados de un día para otro. La tiroides tarda una semana en ajustarse al cambio de temperatura. Muchas fluctuaciones pueden sobrecargar el sistema tiroideo, haciendo que estas estaciones sean un problema.
Y tirando del hilo (Googleando un poco más, vaya), he encontrado este otro artículo: ¿Es depresión o es la tiroides? En el que explica de manera sencilla por qué es tan importante esta glándula y que a veces un trastorno metabólico (que puede ser crónico o puntual) que no está correctamente diagnosticado puede confundirse con depresión, y por tanto, estar mal medicado. También habla de la relación entre problemas tiroideos e infertilidad.  Y como a todas en general nos encanta la casuística, recoge el testimonio de una damnificada:


Matilde Recondo, valenciana de 39 años, llevaba más de ocho tomando un tratamiento farmacológico contra la depresión. “Hace dos años acudí a un endocrinólogo para que me ayudara a perder los 20 kilos que me sobraban. Cuando le hablé de mi problema de depresión, pidió unas pruebas tiroideas. Finalmente, resultó que tenía tiroiditis de Hashimoto, una causa frecuente de esta enfermedad. Me trató con levotiroxina (una versión sintética de la hormona tiroidea), y la depresión y la ansiedad remitieron. Es increíble pensar que todos aquellos síntomas y esa tristeza tenían que ver con niveles bajos de una hormona.

Esto me ha hecho recordar a un antiguo compañero de trabajo. Era el chico nuevo, por lo que no teníamos todavía mucha confianza. Estábamos en primavera y ese año recuerdo que hacía un calor en Madrid tremendo. Por aquella época a veces fumaba, y todavía "era legal" hacerlo en tu lugar de trabajo, así que salimos juntos a la terraza a echar un cigarrillo. Me dijo, sin venir a cuento, que se encontraba como más decaído y triste últimamente. Le iba a recomendar un suplemento de vitaminas reconstituyentes cuando se cubrió la cara con las dos manos y se echó a llorar a moco tendido. Que un tipo de 30 y pico años que no conoces de nada se te ponga a berrear como un niño es una situación bastante surrealista, máxime porque apenas llevaba unos días en la empresa (y antes estaba en el paro, no es que hubiera hecho un cambio de trabajo a peor). Le estuve consolando como buenamente supe. Esa misma tarde fue al psiquiatra. Al día siguiente, durante el café, me dijo que le había puesto tratamiento con antidepresivos y ansiolóticos,  que estaba muy contento de poder solucionar su problema porque jamás se había sentido así de mal consigo mismo de repente. Me ha dado por pensar que quizá lo que le pasó a este chico pudiera estar más vinculado con su tiroides que con una depresión. El psiquiatra, desde la primera consulta, le dio psicofármacos y que yo sepa no le derivó a otro médico para descartar un trastorno endocrino. Igual es que es muy difícil diagnosticarlo... Estuvimos trabajando juntos hasta el verano, y a veces tenía la mirada perdida, supongo que por las pastillas...

Creo que es la primera vez que escribo sobre tiroides en estos siete años y pico de existencia del blog (en breves tendré uso de razón). Mi experiencia estos últimos dos meses me ha parecido algo suficientemente indicativo: un bajón tremendo durante otoño, una caída de pelo como nunca antes (ahora ya no, frenó en seco a mediados de diciembre), y tras incoporarme de las Navidades noto, después de dos meses de letargo, más energía e hiperactividad que nunca. Ya no me despierto una media de tres veces cada noche, ¡he vuelto a dormir del tirón!  Sé que debería ir al endocrino a que me mire este tema (porque mi madre tiene hipotiroidismo subclínico "de toda la vida" pero no la medican, y me parece un error). Pero es que ahora me encuentro tan TAN bien que me da pereza ir al médico... ¡Sólo me acuerdo de Santa Bárbara cuando truena!

Fuentes:

Blog Fisiomorfosis
Mujerhoy.com


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