miércoles, 16 de diciembre de 2015

Alopecia femenina y autoestima: por qué un día nos vemos bien en el espejo y otro fatal?

Espejito, espejito...
Me refiero a las personas que sufren la típica alopecia difusa de patrón androgenético en el que el pelo se afina, la raya es más ancha, puede haber clareos, se abre la coronilla etc.. Evidentemente las alopecias autoinmunes son muy traicioneras, hoy te miras al espejo y te ves bien pero mañana igual amaneces sin pelo literalmente.

Cuando se trata de una AGA, es difícil empeorar sustancialmente de un día para otro (es degenerativo y progresivo pero el afinamiento lleva su tiempo), y tampoco es científicamente posible que veas resultados en 24 horas con cualquier tratamiento: ya sea minoxidil, finasteride, la píldora etc...

Por lo tanto, ¿qué es lo que nos hace vernos un día con un pelo horrible y otro día con el pelo algo mejor, más presentable? Pues hay tres factores muy importantes: exógenos (higiene, clima, luz, cosméticos), orgánicos (hormonas, química cerebral) y también psicológicos (aunque están estrechamente relacionados con las hormonas...).

Es decir, en ocasiones nos vemos el pelo fatal, sin volumen, sin disciplina, más apelmazado... Lo que también se denomina tener un bad hair day en inglés, vaya. Pero al día siguiente nos miramos en el espejo y observaos una mejoría sustancial: puede ser el efecto de un champú, de una mascarilla, de un nuevo peinado que nos favorece más, de que no hay humedad ambiental y por lo tanto el pelo está menos fosco... Podemos encontrar decenas de motivos que expliquen este cambio tanto para bien como para mal. Pero los habituales son cosa de cosmética e incluso de la iluminación. 

Los factores orgánicos son importantes. Las mujeres somos cíclicas y en función del momento en el que estemos, el pelo se verá mejor o peor. Esto es por la grasa. Por ejemplo, durante la ovulación noto que tengo la piel con mejor aspecto, más unifome y luminosa, y el pelo dura más tiempo limpio. Sin embargo los días previos a la regla hasta mi novio me dice que me cambia el olor corporal, me sale alguna espinilla y si no me lavo el pelo cada 24 horas se me llena de grasa... Por no hablar del estado de ánimo esos días previos a tener la regla, una mezcla entre odio a la humanidad y de ahogarme en un vaso de agua, todo lo veo súper negativo. Luego se me pasa. También las adolescentes, las embarazadas y las mujeres menopáusicas se ven más afectadas por este baile de hormonas, para bien y para mal.  Y ya no sólo nos pasa con nuestro pelo, también en cómo percibimos nuestros rasgos faciales, cómo nos sienta según qué maquillaje o ropa...

Por otro lado, hay personas cuyos niveles de serotonina, dopamina o melatonina están en constante vaivén desenfrenado. A veces tiene causas externas (abusar de las drogas, estrés postraumático...) o son orgánicas (por herencia genética o por el motivo que sea el cuerpo no las produce de manera equilibrada ni eficaz igual que hay personas que no producen insulina). En ocasiones se alternan momentos en los que todo es negro con otros de euforia y felicidad en el mismo día. Esto puede ser también consecuencia de una depresión crónica no tratada, en la que perdemos el contacto con la realidad. Así que, las personas que sufren este tipo de trastornos pueden verse genial y al día siguiente (o al cabo de un rato) horribles, sin haber cambiado ni un ápice su imagen, sólo por la montaña rusa de emociones. Pero por suerte, dado el caso, hay tratamiento médico.

Por último, nuestro estado de ánimo psicológico, que también está relacionados con la química cerebral, pero a veces no tiene por qué. Es decir, una persona puede sentirse emocionalmente triste o decaída por una determinada situación que le preocupe, sin tener ningún problema de índole psiquiátrico. Un día te levantas de muy buen humor con ganas de comerte el mundo y te ves genial en el espejo (no sólo el pelo), pero otro día que estás con "el pie cambiado" y todo te parece una puta mierda. ¡Es que todo es tan relativo! Es más, desde el punto de vista de la psicología social, se ha demostrado que nuestra mente tiene trucos y formas muy ingeniosas de mejorar nuestro aspecto respecto a la realidad para subir nuestra autoestima. En un artículo que he leído en la web Cienciaes.com lo explican muy bien con el ejemplo de cómo nos vemos en las fotos:

Investigaciones recientes en psicología social han demostrado más allá de toda duda que la gente utiliza muchas e ingeniosas formas de mejorar, respecto a la realidad, la imagen mental que posee de sí misma. En suma, la mejora de nuestra propia imagen es el producto de un filtrado sesgado y más o menos elaborado de la información sobre nosotros mismos. Un filtrado sesgado similar lo hacemos también con los demás, pero en sentido contrario, es decir, incrementando sus rasgos negativos por encima de los positivos, por lo que casi todos resultan, en comparación, siempre peor parados que nosotros. Somos los mejores. ¿O no? 

Investigaciones en psicología social han demostrado igualmente que la gente utiliza, además de procesos conscientes, también procesos inconscientes para mejorar su autoestima. Así lo revelan estudios que demuestran, por ejemplo, que nos gustan más las letras que se encuentran en nuestros nombres que las que no forman parte de ellos. ¿Podríamos pues inconscientemente mejorar también nuestra imagen mental a partir de nuestra imagen real en un espejo?

Para averiguarlo, los doctores Nicholas Epley, de la Universidad de Chicago, y Erin Whitchurch de la universidad de Virginia, han llevado acabo un ingenioso estudio posibilitado por la moderna tecnología de la imagen. En este estudio, los científicos tomaron fotografías de los participantes, quienes, tras ser fotografiados, se sometieron a unas pruebas para medir su autoestima, tanto implícita (es decir, lo que realmente creen de sí mismos), como explícita (es decir, lo que dicen que creen de sí mismos a los demás).

A continuación, las fotografías de los rostros de los participantes fueron manipuladas por ordenador para “fusionarlas” con otras. La fusión o mezclado de cada rostro se llevó a cabo bien con un rostro estándar más atractivo, más guapo, bien con otro rostro estándar más feo. Esta fusión se realizó en diversos grados (de 10% a 50%), lo que consiguió diez rostros de cada participante: cinco progresivamente más atractivos y cinco progresivamente menos atractivos que el original, pero siempre reconocibles como el rostro de cada participante.

Tras realizar este trabajo de fusión fotográfica y analizar los resultados de las pruebas de autoestima, los participantes fueron convocados de nuevo de dos semanas a un mes después de que se les tomara la foto. En ese momento, se les presentó la serie de fotos con su rostro original y los otros diez rostros resultantes del trabajo de fusión fotográfica anterior, y se les pidió que identificaran su rostro real. ¿Elegirían los participantes correctamente, o elegirían otro rostro menos o más atractivo que el suyo? Y bien, probablemente no te sorprenderás al conocer que, como era de esperar, los participantes eligieron un rostro más atractivo que el original como el que consideraban suyo. Pero lo más interesante fue que cuanto mejor pensaban de sí mismos de acuerdo al resultado de las pruebas de autoestima implícita, es decir, de acuerdo a pruebas que miden realmente la autoestima que cada uno posee sin falsa modestia, más atractivo era el rostro que consideraban como suyo. Hubo gente que llego a elegir el rostro más guapo (los que se creen Angelina Jolie o Brad Pit, los cuales, hay que aclararlo, no participaron en el estudio); hubo también quien eligió el rostro más feo (pobres diablos deprimidos que se creen Quasimodo), pero, en general, la mayoría de los participantes eligieron como suyos los rostros mejorados un 20%: la inmodestia tiene un límite para la mayoría, bueno es saberlo.


Pero, ¿sucede este fenómeno con todos los rostros, o solo con los nuestros? Para comprobarlo, se pidió a los participantes que eligieran de entre una serie similar de fotos manipuladas cuál era el rostro real de algunos sus amigos o el de los científicos que dirigían el experimento, con quienes no tenían relación afectiva alguna. Los resultados indicaron que si se trata de un amigo, se elige también un rostro mejorado, pero si es el de una persona extraña o poco conocida, se elige el rostro real con bastante exactitud. Esto significa que podemos saber cuál es el rostro real de las personas en sus fotos, pero cuando apreciamos a alguien, particularmente si ese alguien somos nosotros mismos, inconscientemente mejoramos la imagen física que de él o ella nos formamos en nuestra mente.En conclusión, cuanto mayor autoestima tenemos de nosotros mismos, y más estimamos a nuestros amigos o amigas, más feos salimos en las fotos. Decir que alguien sale feo en una foto se revela ahora como signo de aprecio. Algo sobre lo que conviene reflexionar antes de enfadarnos cuando nos llamen feos, siempre que sea en una foto.
Fuente: http://cienciaes.com/quilociencia/2010/09/27/por-que-no-eres-tan-guapo-como-crees/

No hay comentarios:

Compártelo:

|

También te interesaría leer...

Blog Widget by LinkWithin