domingo, 8 de noviembre de 2015

Cómo salir del paso si se te olvidan las fibras capilares en la maleta

Siempre que voy de viaje se me olvida algo. Matemático: si no es el pijama es el cepillo de dientes o las bragas. Estuve en plan comando un fin de semana (tenía la boda de una amiga fuera de Madrid) porque sólo llevaba un par de bragas puestas. Y no quise darles la vuelta, me parece más higiénico ir duchada pero sin nada, ¡es comodísimo! Hace poco estuve un par de días fuera, me habían invitado a una entrega de premios. Salí de casa con el bolso de viaje (me gusta ir ligera de equipaje) pero con esa incómoda sensación de ¡oh, seguro que se me olvida "algo"! Deshice mis pasos hasta el dormitorio y ahí estaba mi maravilloso Kindle muerto de la risa encima del edredón.

Pero no fue hasta que me tocó acicalarme para ir al evento cuando me di cuenta de lo que de verdad importaba: me había olvidado de coger la bolsa de recarga de fibras capilares. Comprobé con cara de pánico cómo el bote estaba más vacío que Urgencias una tarde de sábado en agosto, con las que quedaban no me alcanzaba ni para tapar media calva. ¿Y ahora qué? Con una areata del tamaño de una moneda de 20 céntimos en la parte derecha de la cabeza (que se transparenta aunque me peine con la raya del lado contrario), y una coronilla que no se acaba de recuperar del todo...

Por suerte soy una mujer de recursos, y este es el apaño:

Miré en el neceser de maquillaje y efectivamente llevaba conmigo el lápiz para rellenar cejas (las tengo cada vez más despobladas, en unos meses acabaré como Marlene Dietritch). Se trata de un tono marrón grisáceo mate y la mina es bastante dura, pigmenta lo justo para rellenar con efecto sombreado. Consejo de maquillaje para cejas: si las tienes morenas como yo, utiliza un lapicero más claro para rellenar (nunca jamás negro, endurece mucho la mirada, de hecho ni lo fabrican a no ser que te las pintes con eyeliner). Si eres rubia o tienes el pelo castaño clarito, elige un tono más oscuro para definirlas.

Me pinté literalmente la calva, la coronilla y ya de paso maquillé un poco más la raya, afinándola. La cosa es que tuve que sacarle punta como siete veces en un lapso de 3 minutos, hay que ver lo que desgasta rellenarse la cabeza, si tuviera que hacerlo a diario no ganaría para comprar maquillaje de cejas.

Después, cogí el peine que dan siempre de regalo en los hoteles, que es muy finito, y me puse a cardar como si no hubiera un mañana para disimular un poco más los trazos. Al final me vine arriba y me empecé a dar brochazos de sombra de ojos pero... HORROR, aunque no lo parezca mucho sobre el párpado móvil, era ligeramente satinada, lo cual en el pelo queda fatal, como si te lo has untado de brillantina en plan años 90.

Último paso: fijar el invento. Casi nunca suelo utilizar laca, y por lo tanto no recuerdo la última vez que metí un bote en el neceser. Piqué en la habitación de mi amiga a ver si ella por casualidad tenía (ya era casi la hora de cenar y las tiendas estaban cerradas). Por suerte llevaba consigo un bote tamaño mini de la marca Deliplus, y seguramente estaba caducado. Si bien Deliplus tiene unos cosméticos muy buenos calidad-precio (mi última adquisición es el pintalabios cremoso marsala que es divino por sólo 4€)  la laca morada es más mala que pegarle a un padre con un calcetín sudado. De hecho creo que ya no la comercializan (por suerte). Es como barnizarse la cabeza con un olor penetrante que eclipsa cualquier otro (y alucinógeno al inhalarlo, seguro). Más que residuos en el pelo lo que deja es "el grumo". Aunque ya os digo que a mi amiga le acompañaba en el neceser desde hacía años. Pero era justo lo que quería, un efecto armadillo a prueba de colisión de hadrones para que no se pudiera intuir el truco de cabeza maquillada.

La parte positiva es que de todo se aprende, así que ahora llevo una recarga en bolsa de fibras capilares en el bolsillo interno del neceser, nuvecita sin abrir, por si las moscas :-)




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