jueves, 6 de agosto de 2015

Ex jugador de futbol de la liga inglesa aparece en el estadio recién injertado

Mi madre siempre cuenta que sus compañeras pijas de la universidad, ahí por los años 70, iban a clase con la escayola de la rinoplastia puesta. En esa época era un signo de estatus social alto, no algo de lo que avergonzarse o que se debiera ocultar hasta que bajara el morado.

Normalmente las personas que se hacen retoques estéticos aprovechan unas vacaciones o una excedencia para no incorporarse con pruebas tan evidentes al trabajo. Pero no todo el mundo opina igual, Steve Claridge por ejemplo. Este ex jugador de fútbol de la liga inglesa es uno de tantos que ha decidido acabar con la alopecia haciéndose un injerto de pelo, y así de majo ha acudido al estadio, con la cabeza rapada,  las cicatrices en la nuca y las entradas redibujadas, con postillas y todo.

El periódico que ha dado la "noticia" (The Mirror), un ejemplo de la prensa amarilla, les parece una sorpresa: "Pelo desaliñado, camisa siempre por fuera, calcetines por encima de sus tobillos, no parecía estar preocupado por su imagen", argumentan.

Al final, como les sucede a miles de hombres, están más pendientes de solucionar lo de su calva o lo de sus entradas que buscarse un estilista para elegir mejor la ropa.

No sigo la liga inglesa de fútbol ni sabía quién era el tal Claridge antes de leer la noticia, pero no parece que vaya enseñando las cicatrices por proselitismo ni por alardear de tener dinero para transplantarse pelo. Parece un tipo sencillo y va más cómodo así, sin gorra que le pueda pisar el sembrado. Está claro que el transplante se lo ha hecho para sí mismo, y lo que opinen los demás... Pues eso, que está de más...






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