lunes, 27 de julio de 2015

Investigadora estudia si la fluoxetina podría empeorar los síntomas de la tricotilomanía

 "Es muy fácil que alguien te diga: ¿por qué no dejas de arrancarte el pelo? Esto es una adicción, por eso es tan difícil. Quieres pero no puedes dejar de hacerlo". S. Pounsett, 31 años, padece tricotilomanía y participa en este estudio.

El tema de la tricotilomanía es realmente complejo y requiere, según mi experiencia, al menos tres vías de atención si la persona quiere intentar superarlo (la terapia puede durar años):

- Apoyo psicológico (se suele trabajar en terapia de grupo).
- Asistencia psiquiátrica (es un TOC, y en algunos casos la psicología no es suficiente y requiere medicación).
- Tratamiento dermatológico (para tratar los folículos que no hayan cicatrizado y el cabello se regenere más deprisa y con mayor densidad).

También hay una cuarta vía estética o cosmética -obviamente es opcional- para disimular las zonas que han sido arrancadas: fibras capilares, prótesis capilares femeninas, extensiones, cosméticos que aportan volumen, pelucas etc. Y no es por hacer autobombo ni nada por el estilo, pero a veces este tipo de sistemas de posticería son terapéuticos, sobre todo de cara a la autoestima de la persona que se autolesiona.

Recientemente he leído un artículo recogido por ABC (en el periódico español no, el australiano) sobre un estudio llevado a cabo por una estudiante de doctorado de la Universidad de Swinburne (Melbourne - Australia) sobre la tricotilomanía. Renata Slikboer lleva meses investigando si algunos fármacos muy recetados para tratar este complicado trastorno podrían no ser tan eficaces como se cree, sino incluso podrían aumentar los síntomas de la enfermedad.

La tricotilomanía es un trastorno por el que las personas se arrancan compulsivamente el pelo, generalmente el de la cabeza, pero también el corporal (pubis, cejas, pestañas etc). Afecta principalmente a mujeres jóvenes, es difícil de tratar y tiene una duración promedio de unos 20 años (es decir, si empieza en la adolescencia la persona suele dejar de sentir la necesidad de arrancarse pelo bien entrada la treintena).

La estudiante de doctorado, Renata, explica a la revista digital ABC News: "Estaba atónita al descubrir que en algunos estudios sobre los medicamentos aseguran una disminución de los síntomas del 90%, pero las personas sometidas a estos mismos tratamientos que he podido entrevistar aseguran que no les funciona. Por tanto, me resultó curioso".

Slikboer revisó en profundidad 12 estudios que comparaban la terapia psicológica y la farmacológica frente a los grupos de control. Se sorprendió al ver que un medicamento inhibidor de la recaptación de serotonina muy recetado: la fluoxetina, no es tan efectivo como se pensaba. "El meta análisis demostró que no hay soporte para el uso de este fármaco en el tratamiento de la tricotilomanía. No disminuye en realidad los síntomas. De hecho hay una posibilidad de que pudiera aumentarlos, por lo que este hallazgo es importante y es algo que los profesionales sanitarios deberían conocer".

Hay dos mujeres que participan en el estudio cuyas declaraciones también han sido recogidas en la noticia: S. Pounsett y Kristy Bruston.

Pounsett, de 31 años, padece tricotilomanía desde hace 20: "Me arranco el pelo del cuero cabelludo, pestañas, cejas y vello de los brazos y piernas. Creo que está relacionado con mi ansiedad y el estrés".  "Empecé arrancando las pestañas, ya no tenía ninguna. A medida que fui creciendo, probablemente alrededor de los 8 años empecé a tirarme de las cejas", explica Kristy Bruston. "No me gusta hacerlo, me pongo muy ansiosa pero cuando lo hago, es un alivio. Ahora sí soy realmente consciente cuando estoy tirando, pero a veces todavía entro en un trance y no me doy cuenta".

La tricotilomanía es difícil de tratar, en la mayor parte de los casos con mucha terapia psicológica se pueden solamente disminuir los síntomas. Tiene efectos devastadores, sobre todo la vergüenza que sienten las personas que la padecen. "Siempre que alguien me mira lo primero que pienso es que se han dado cuenta de que tengo una calva en la cabeza", declara Bruston. 

Este estudio, avalado por la doctoranda de la Universidad de Swinburne, también concluye que el apoyo social es indispensable para las personas que padecen tricotilomanía. Pounsett por ejemplo forma parte de un grupo de apoyo en esta línea y ha probado muchas técnicas: "Marco en el calendario los días que soy capaz de pasar sin arrancarme pelos, a veces puede ser una semana, dos, pero luego vuelvo".  El año pasado esta paciente logró dejar de tirarse del pelo dos semanas completas. "Es muy fácil que alguien te diga: ¿por qué no lo dejas? Esto es una adicción, por eso es tan difícil. Quieres y no puedes dejar de hacerlo, es ahí donde todos los sentimientos de vergüenza entran en acción", explica. 

La tesis doctoral de Renata Slikboer podría ayudar a que muchas personas que padecen tricotilomanía encuentren tratamientos más efectivos, incluso Kristy Bruston, que participa en el estudio como paciente está segura de que puede ser un cambio en su vida: "Esto es muy estresante, me cuesta socializar, no tengo una gran vida social sino un pequeño grupo de amigos y evito estar en público. Ha sido muy duro tratar de salir y de ser normal".

Fuente: http://www.abc.net.au/news/2015-07-21/compulsive-hair-pulling-medication-could-increase-symptoms/6637924

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