lunes, 8 de junio de 2015

De alopecia femenina y autoestima: aprender a ser más resilientes

He leído un artículo muy interesante sobre resiliencia y psicología en este blog, así que he decidido compartirlo por aquí adaptándolo a nuestro monotema: la alopecia femenina.

Resiliencia o resilientes son términos con los que normalmente no estamos familiarizados, de hecho a mí me suena a residencia, residentes, resistencia... Pero nada más lejos que eso.

Según la RAE, la resiliencia es la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas. Según este blog, en psicología se añade algo más a este concepto: no sólo la capacidad de afrontar crisis sino salir fortalecidos de ellas.

Las personas resilientes no sólo se sobreponen de las adversidades que les ha tocado en la vida, sin que las utilizan para crecer y desarrollar al máximo su potencial. Desde luego esto es muy interesante.

En ese blog apuntan las características propias de las personas resilientes y sinceramente parecen super hombres: para ellos no existe una vida dura sino momentos difíciles. Son más optimistas a la hora de ver el mundo porque saben que tras cada tormenta, llega la calma. "Nunca llueve eternamente", como decía Alex Corvis. Estas personas también destacan por su buen humor y su optimismo. Habitualmente los demás se preguntan -nos preguntamos- ¿cómo pueden afrontar todos esos problemas siempre con una sonrisa?



En la práctica, los psicólogos y coachs nos pueden guiar y enseñar a ser más resilientes. No se trata de una cualidad innata sino que se puede aprender a desarrollar en nuestro día a día (y esto es una gran noticia). Hay personas que ya lo son porque han tenido modelos cercanos (padres resilientes por ejemplo), mientras que otras se han labrado el camino por sí mismas: baldosa a baldosa. Pero hay un requisito muy importante: estar dispuestas a cambiar hábitos y creencias.

Por lo tanto, insisten en que la resiliencia no nace sino que se hace. Son personas que al encontrarse en situaciones límite, han desarrollado las habilidades necesarias para encararlas  con éxito.

Obviamente una alopecia no se puede comparar con una enfermedad terminal, un accidente que nos deje postrados en una cama (para siempre), la muerte de un ser muy querido, un deshaucio etc... Pero aún así hay mujeres que sufren de manera terrible el hecho de tener poco o ausencia total de pelo, y sienten que están en un túnel sin salida, que nunca más serán felíces y que nada tiene sentido. En estos casos, si no puedes encontrarte mejor con el tiempo, es muy importante que busques ayuda.

¿Qué caracteriza a una persona resiliente?

Según ese blog, hay doce cualidades:

1) Ser conscientes de nuestras potencialidades y limitaciones. Tener claras las fortalezas y defectos para poder trazar metas objetivas, pero conocer también los recursos disponibles para alcanzarlas.

2) Son personas creativas. Este punto es interesante. Piensa en un jarrón roto. Una persona resiliente sabe que un jarrón roto nunca podrá ser igual que antes, pero con los trozos puede transformar esa experiencia dolorosa en un mosaico: algo bello y útil. De lo negativo consigue algo positivo.

3) Confían en sí mismas: al ser conscientes de sus defectos y virtudes, saben cuáles son sus limitaciones pero también se sienten seguras de lo que sí pueden lograr de forma tangible. Además, saben bien cuándo es necesario pedir ayuda, no se mantienen aisladas.

4) La palabra crisis en japonés se escribe 危機 (y se pronuncia kiki, no es broma). Está compuesta por los pictogramas peligro 危  y oportunidad 機. En la cultura japonesa siempre se trata de buscar algún beneficio de las situaciones más difíciles (aunque eso me choca con su cultura del suicidio, supongo que lo vincularán más con el honor que con la derrota). Un claro ejemplo de ello fue su capacidad de recuperación tras la II Guerra Mundial. Las personas resilientes también asumen la crisis como la oportunidad para generar un cambio, crecer y aprender de ello.

5) Mindfulness o tener conciencia plena, lo hacen aunque no sepan qué eso. Se trata del hábito de vivir el aquí y el ahora, de disfrutar el presente. Además, tienen una gran capacidad de aceptación. Para estas personas el pasado pasado está, y el futuro no les preocupa demasiado.

Si lo trasladamos a la alopecia femenina, sé que muchas de vosotras estáis ancladas a vuestra anterior imagen (más pelo) y además os angustiáis por cómo va a evolucionar este problema en tiempos futuros (si cae más, si la medicina no es efectiva, si váis a tener que usar una prótesis capilar o una peluca...). Lo sé porque lo he vivido. Aunque ahora mismo, después de unos cuantos años rehabilitada (que no resiliente al 100%), reconozco estar perdiendo la capacidad de volverme a poner los zapatos (de formar figurada) de la paranoia y del dolor por haber perdido mi pelo. Sigo enfadada conmigo misma por haberme sepultado en vida tantos años. Hoy en día me acepto y estoy en paz respecto a mi alopecia areta, pero creo que tengo que trabajar en perdonarme por todo aquello y por todo lo que perdí en el camino (el pelo, lo de menos, aunque en ese momento era incapaz de verlo). También soy capaz de disfrutar de los pequeños detalles, de hecho me he ido a vivir al campo y no tengo agua caliente (de momento, pero no me importa mientras pueda abrazar a un árbol, ¿lo habéis probado?).

6) Ver el vaso siempre medio lleno, pero desde un prisma objetivo. Al conocer bien tus capacidades -pero también tus limitaciones- no tiene sentido que todo lo veas negro, pero también serás perfectamente consciente de que no todo va a ser siempre de color de rosa.

7) Tratar de rodearse de personas con actitud positiva. Hace 11 meses tomé una gran decisión. Al principio me dio miedo, pero hoy no sólo no me arrepiento sino que tengo motivos para celebrarlo, porque esta decisión fue el impulso final para salir del túnel y tirar un barreno de dinamita dentro: cortar de manera radical  y para siempre la relación (en absolutamente todos los ámbitos de mi vida, incluso online) con personas tóxicas, negativas y problemáticas que me impedían crecer y avanzar. De no haber decidido eso, hoy en día no podría considerarme al 100% rehabilitada con tantos adoquines cargados a mis espaldas. Soltad lastre y una vida nueva os espera.

8) No tratar de controlar todas las situaciones. Una fuente de estrés principal (o de angustia) es no poder tener el control de todos los aspectos de nuestra vida. Cuando algo está fuera del alcance de nuestras manos, nos sentimos desamparados e inseguros. Sin embargo, si eres una persona resiliente, habrás asumido que es imposible tener siempre el control.

9) Ser flexible. En ocasiones hay que decidirse a cambiar de hábitos (y ser firmes, como yo he hecho), pero también cambiar metas, objetivos, valorar alternativas y poder adaptarse a esos cambios sin aferrarse a planteamientos iniciales como solución única y absouta. Esto no es renunciar a nuestros  sueños, todo lo contrario, forma parte de la capacidad de lucha.

10) Tenacidad y motivación. No confundir ser tenaz con ser cabezorra (testaruda). Hay que ser flexibles pero también perseverantes, ¡Zamora no se conquistó en una hora!

11) El sentido del humor. La risa es la mejor aliada del optimismo. Y si eres capaz de bromear sobre tu situación (alopecia), eso te ayudará a enfocarte sobre un aspecto positivo: ¿o es que la alegría que sientes cuando un chiste te hace gracia no es algo positivo? Pelillos a la mar.

12) Busca ayuda en la gente que confías: familia, amigos, pareja... Imagínate un naufragio: estás a la deriva flotando en una tabla de madera. Necesitas ponerte a remar por tu vida o a alguien que te remolque hasta tierra firme si tus fuerzas flaquean o estás a punto de desfallecer. Lo último que te hace falta es otro náufrago que te ayuda malamente a sacar la cabeza del agua, alargando innecesariamente e incluso convirtiendo en crónica esa situación: una rémora. Si crees que no puedes tú sóla, busca ayuda profesional, porque de todo se sale. Hace años que no voy a terapia, pero volvería una y mil veces más si lo necesitara otra vez.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Más resiliente que nunca vuelvo por aquí :) sigo tu existencia desde el 2009 aproximadamente (aún era adolescente y lo pasé bastante mal) y más orgullosa no puedo estar. Contigo desde el anonimato he aprendido muchísimo y siempre estaré eternamente agradecida. Da gusto volver por aquí sin obsesiones una o dos veces al año y leerte, porque aparte de gracia y salero haces que en lo referente a la alopecia salga más segura de mi misma.

Desde aquí, te mando un saludo y un abrazo enormes.

Quiero probar lo de abrazar árboles y tiene que ser la caña cuando el tronco está caliente.

Blog de Alopecia Femenina dijo...

Hola! Encantada de que me leas cuando quieras, y haces bien en echar un ojo un par de veces al año como máximo, así el resto del tiempo TE OLVIDAS del "monotema" :-)
A mí me gusta incluso poner la oreja en el tronco y escuchar, en plan caracola. Sé que probablemente estoy escuchando mi torrente sanguíneo pero es muy relajante :)

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