martes, 24 de marzo de 2015

Estoy mal porque se me cae el pelo: el victimismo como zona de confort

La alopecia femenina sí puede ser síntoma de que hay algo en nuestro organismo que no funciona bien, y en el futuro puede desarrollarse un problema de salud relevante. Pero en un alto % de las ocasiones tras valorar nuestro caso con un médico (importante consultar primero con médicos colegiados, no con centros de estética ni clínicas de ozono/masaje/laser) el diagnóstico cae como un jarro de agua fría, de acuerdo, pero sólo se trata de una condición estética con la que hay que bregar, es decir, aparte de la alopecia, no hay nada más problemático para nuestra salud (otra cosa es nuestra salud e higiene mental, tema a tratar en este post).

Entonces, nos enfrentamos a un problema estético que afecta a nuestra imagen personal, y por tanto, mina nuestra autestima: hemos perdido sustancialmente el cabello, y para colmo, aparecen clareos, clapas de areata o raya más ancha de lo habitual. En otros casos se cae todo el pelo: vello corporal, pestañas y cejas. En ocasiones no hay una gran evidencia de cara a los demás respecto a nuestra pérdida o falta de pelo, pero nosotras sí nos damos cuenta de que apenas unos meses atrás el grosor de la cola de caballo era casi como el brazo de un niño de cuatro años, pero ahora es apenas una coletilla raquítica.

Cuando perdemos algo en nuestra vida es lógico y normal pasar una temporada sufriendo por esta privación. Ya sea envejecer, un descenso en la posición social  (la pérdida de un status económico), el fin de una relación de pareja o de un estilo de vida, la muerte de un ser querido (especialmente esto es tremendamente doloroso) o la pérdida de nuestra imagen. Este tiempo se conoce coloquialmente como luto, y es necesario asimilar poco a poco la nueva situación, así como aceptarla para seguir adelante con nuestra vida (aceptación NO ES resignación). En el caso de perder el cabello, no es comparable a otras desgracias como una muerte cercana o una enfermedad / amputación que sí nos limite físicamente, pero si leéis este blog es porque la alopecia nos afecta en mayor o menor medida  (a veces, mucho).

Tratemos de poner las cosas en perspectiva. La alopecia femenina es un mazazo, máxime cuando en la sociedad actual el aspecto físico es un activo muy importante no sólo de cara a sentirnos bien con nuestra imagen, sino para no experimentar ningún tipo de traba o de rechazo social / laboral (alopecia + adolescencia es un cocktail horroroso). Por fortuna, existen soluciones: no estáis abandonadas a vuestra suerte o a convertiros en parias ni mucho menos. Hay soluciones farmacológicas y quirúrgicas que podéis valorar con un médico. Hay soluciones estéticas y cosméticas. Y también hay soluciones de apoyo y acompañamiento para que podáis controlar la angustia, aceptar la situación y volver a sentiros bien.

Muchas veces nuestra mente nos juega malas pasadas y, aunque sí exista un problema de pérdida de cabello, nos vemos mil veces peor que en la realidad. De hecho hace poco escribí un post sobre dismorfofobia y alopecia femenina que podéis leer si tenéis tiempo.

Cuando pasan semanas, meses, AÑOS y seguimos atrapadas en un bucle sin salida, convertimos el victimismo en nuestra manera de gestionar problemas y arrastramos de manera inconsciente (porque nos sentimos mal, frustradas, furiosas y angustiadas) a nuestro entorno: pareja, familiares, amigos e hijos. Lo pagamos con ellos y les hacemos, en parte, responsables de nuestro sufrimiento. Como nadie tiene una varita mágica que revierta al 100% el problema (ojalá), creemos que siempre tenemos el derecho a patalear: desahogarse y lamentarse es natural, pero no podemos convertirlo en nuestro modo de vida porque lo contamina absolutamente todo. Es aquí cuando caemos en el victimismo como zona de confort.

¿Qué es la zona de confort? En el ámbito del coaching, define la situación de las personas que renuncian a tomar inciativas para gobernar sus propias vidas. Abandonarse a lo cómodo: Qué asco de vida, se me cae el pelo, no salgo de mi casa y que me aguanten (en realidad significa esto literlamente: que me lo consientan todo porque YO estoy mal, y me importa un carajo cómo se sientan los demás porque MI pelo y YO somos algo absolutamente prioritario).

¿Cómo podemos salir de este bucle insano? Es necesario aplicarse un poco de autocrítica y esforzarnos por abrir la mente. Pero también podemos buscar ayuda profesional: psicólogos, psiquiatras (si hemos llegado a un punto de necesitar medicación) y también grupos de apoyo. En otras ocasiones he hablado de un proyecto personal de principios de año, Psicoestética, que está funcionando muy bien porque nos hemos especializado en alopecia femenina.

En cualquier caso, da igual que optes por terapia psicológica, psiquiátrica o soporte en grupos de apoyo de esta índole, lo que necesitas es un empujón para tomar de nuevo las riendas de tu vida, aceptar la nueva situación, superarla y ser feliz :) ¿O es que no te mereces volver a ser feliz?

Fuente memes: http://desmotivaciones.es/

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