viernes, 13 de marzo de 2015

El post del viernes: los juguetes de mi vida

Llevaba tiempo con ganas de escribir sobre los juguetes con los que más he jugado de pequeña. Lástima que no tenga hijos (la verdad que no me apetece ni lo más mínimo, todo hay que decirlo) porque tendría la excusa perfecta para dejarme una pasta en Todocolección o en eBay y así recuperar los originales (por supuesto obligarles a jugar conmigo, MOHAHAHA). Os advierto que desde siempre he sido muy rara, nunca he tenido Nancys, Babyfebers o Nenucos. El mundo barbie me pilló ya de mayor, con 10 años o más. De hecho a los 12 me llegó la primera regla pero seguía jugando con ellas mientras leía a Almudena Grandes o Flores en el Ático. Una jodida contradicción (bueno, la adolescencia ES una contradicción).

Nunca se lo he dicho a nadie, pero de pequeña no es que me gustase jugar a ser la profesora de mis pinypones, playmobil o barriguitas, ¡qué va! Yo era la directora de todo un campus. Por ejemplo: el armario de mi cuarto era el edificio principal, el arcón de los juguetes: la residencia de estudiantes. La noria de los barriguitas y la granja de pinypon era un parque tipo El Retiro. El quirófano y el hospital de campaña de Playmobil hacían de enfermería. La hamburguesería de Playmobil (con sus mesitas) era la cantina de los estudiantes. Con piezas de duplo y de lego construí un anfiteatro, instalaciones deportivas y la bañera funcionaba de piscina olímpica (mens sana in corpore sano, por supuesto).  Esta especie de ciudad universitaria se encontraba en un país ficticio al que llamé Benetton (sí, por la marca de ropa). Su capital era Faso (por Burkina Faso, lo vi en mi globo terráqueo-lámpara y me hizo gracia).  De hecho todavía conservo libretas, plagadas de faltas de ortografía, en los que con mi caligrafía de hormiga borracha con 7 u 8 años llevaba la contabilidad de los alumnos, los cursos, las notas, los precios del menú de la cafetería, la taquilla del cine / teatro, ¡hasta un calendario de vacunación contra el veneno de la picadura del insecto palo! ¿Por qué diantres se me ocurriría esa absurdez? ¡Son bichos inofensivos! Supongo que ese año nos tocaría campaña de vacunas en el colegio y mis muñecos no iban a ser menos, pero nada de enfermedades tipo sarampión, ¡tenía que ser algo más exótico! ¿Cómo voy a ser ahora una persona normal si me divertía de esa manera en lugar de endiñarle el biberón mágico al jodido Nenuco?

Recuerdo con mucho cariño unos juguetes de los que disfruté durante años y años. No los he podido conservar porque una tubería rota inundó el trastero y se echó todo a perder. Qué putada.
Estos son de los que más me acuerdo:

El jardín de Pinypon (funcionaba con agua):


Este era el modelo de granja de Pinypón (con pozo y todo):



La bici-taxi de Chabel (con Chabel y Dani articulados):


Hospital de campaña de Playmobil:

Hamburguesería de Playmobil:


Esta escuela de Barriguitas:

El tiovivo de Barriguitas (iba a cuerda):



La verdad es que tengo un poco la espinita clavada por la Autovan de Chabel, pero teniendo en cuenta que rondaba las 15.000 pesetas en 1990, lógico que "no cupiera en las alforjas de los camellos de los Reyes Magos". Bueno, y con el barco pirata de Playmobil ¡vaya anuncios más currados!  Nunca es tarde, ahora tengo muchos gastos por la mudanza pero ya veremos :)

La autovan de la Chabel



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