sábado, 14 de febrero de 2015

Aceite de argán, silicona, queratina, mascarilla de proteínas... ¿Para qué sirve cada cosa?

En el colegio había cuatro asignaturas que odiaba con todo mi ser. La primera: gimnasia. En mi ignorancia creía que no era importante y que nos hacía perder horas lectivas (y para colmo, a mí me bajaba la media). Si hubiera valorado la educación física, ahora no sería una ceporra más vaga que la chaqueta de un guardia y con achaques de no moverme ni hacer el huevo a pesar de mi edad. La gimnasia es esencial para inculcar hábitos saludables a los niños y favorecer tanto la fuerza de voluntad como la disciplina. Debería ser todos los días. La siguiente por orden de odio: matemáticas. Era muy nula para la abstracción, siempre se me han dado mejor las letras. La tercera: química. Es una asignatura bonita, pero yo la odiaba por su plan de estudios: tuvimos que memorizar la tabla períodica así de primeras, con toooodas las valencias. A quien no se le haya atragantado eso con trece o catorce años es una rara avis de cojones. Por último, las manualidades. ¿Por qué? Pues más de lo mismo: por ser torpe. Dibujar ni tan mal, pero construir mobiliario liliput con pinzas de la ropa, maquetas y demás pongos / mierdas decorativas era insufrible. De hecho cuando descubrí este blog sobre FAILS (Craftfails) me sentí taaaaan identificada :) 

¿A que no sabéis qué conocimientos son los que más utilizo en mi vida diaria? Adivinad. La gimnasia no, obviamente, soy un botijo holgazán (de momento, mi vida va a cambiar mucho en cuestión de semanas). En primer lugar: las matemáticas (financieras, claro), me he espabilado mucho en tema llevar las cuentas. En segundo lugar, la química (aplicada a la peluquería, a la cosmética etc lo cual no deja de ser fascinante y entretenido) y, en tercer lugar: las manualidades. Sí. Hacer cosas con las manos: algo que sigo odiando sobremanera y no se me acaba de dar nada bien. No tengo destreza ni interés. La primera vez en mi vida que le lavé la cabeza a alguien fue la situación más surrealista y pantanosa (literalmente) de mi carrera. Me escaqueo siempre, al menos puedo negarme a hacerlo hasta que no queda más remedio.

Después de este prólogo que no sé si viene mucho a cuento, seguramente estés harta de ver, leer y escuchar "cienes" de anuncios y campañas publicitarias sobre productos cosméticos para el cabello: hidratan, protegen, iluminan, limpian, fijan y dan esplendor. Pero realmente la gente de a pie (como es obvio) no profundiza en cómo funciona este tipo de agentes químicos y reaccionan con el pelo, máxime cuando un alto % de ventas se cierra en función de "si me gusta el olor del producto" o el packaging (y quien esté libre de pecado ya tal).
Sandro Rey: brujo y concursante de Gran Hermano.
Es importante que diferenciemos los cuidados de un cabello biológico respecto al mantenimiento de las pelucas de pelo natural, extensiones o prótesis capilares, pues los productos no tienen por qué ser los mismos en ambos casos. A veces sí coincide, pero normalmente algo que mantenga en óptimas condiciones nuestra peluca nos va a dejar nuestro pelillo de rata más grasiento que el palo de un churrero :) 

En primer lugar: PROTEÍNAS. 
Las proteínas aplicadas a la cosmética tienen una finalidad principal: el alisado. O bien facilitarlo, o bien alterar la estructura del pelo de manera permanente (alisados de queratina). Tanto si tu pelo biológico tiene una ondulación foscorra que no te guste, o si quieres utilizar algún producto que facilite el alisado, elige el que tenga proteína. Aunque como es evidente la policía no es tonta y yo diría que el 100% de los cosméticos orientados a alisar de manera temporal o permanente por supuesto ya contienen proteínas. Yo uso mucho Salerm 21 (proteínas de seda) que podéis encontrar en cualquier tienda de productos de peluquería (e incluso en el chiringuito de la playa si me apuras). 

ACEITES
: su tarea es básicamente suavizar e hidratar el pelo. Son esenciales para mantener en buenas condiciones una prótesis capilar o una peluca (no tienen glándulas sebáceas). Un pelo que esté hidratado tendrá un aspecto sano y brillante. El
aceite de argán está muy de moda, y no es solo por el marketing. Qué va. Además de hidratar, también protege el pelo (cosa que el aceite de coco no, así que cuidado, para una peluca o prótesis capilar que no regenera el pelo, evitad el aceite de coco). Hay miles de cosméticos en el mercado (y me quedo corta) que contienen aceites: argán, algodón, lino, coco, karité, oliva, macadamia... Hay muchas marcas: Mythic Oil de L'Oreal, Oro Líquido, Moroccan Oil, Macadamia, Tahe... Personalmente utilizo el de Salerm (Arganology).
Y por último, damos paso a las SILICONAS. Existe un debate muy arraigado junto con parabenos y sulfatos: ¿siliconas para el pelo, sí o no? Para el pelo biológico, dependiendo de las necesidades de cada tipo de cabello se pueden obviar, pero, para pelucas y prótesis capilares mi respuesta (personal y profesional) es clara: siliconas SÍ (de momento, hasta que saquen otra cosa que funcione igual y mejor). El cabello al microscopio tiene escamas (cutícula). Si las cutículas están muy abiertas, tendrá el aspecto de una corteza de árbol viejuno, y por tanto la melena en su conjunto se verá opaca, descuidada, fosca... La silicona (es preferible que sea de tipo soluble al agua) es un compuesto químico muy útil en cosmética para el pelo pues actúa de estas maneras: sella las escamas atrapando la hidratación de los aceites en su interior (no hay cosméticos de silicona pura, sino que incluyen aceites y proteínas normalmente) y además forma una película protectora que le aporta peso (muy importante para evitar el encrespamiento). Gracias a la silicona, el pelo se ve más brillante y estará más hidratado.  Es cierto que hay muchos productos en el mercado que no incluyen silicona, sin embargo insisto: para prótesis capilares y pelucas, la silicona es muy útil siempre en su justa medida: si te pasas el pelo se quedará grasiento, excesivamente brillante y muy apelmazado. ¡Feliz San Valentín!

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