lunes, 24 de noviembre de 2014

Alopecia femenina y depresión: signos de que puedes estar deprimida

No os sorprenderá que os escriba que, en muchas ocasiones, las personas más intransigentes con el humo del tabaco son ex fumadores. Es como si el fumador más empedernido, después de esforzarse y superar la adicción, no sólo ha dejado de sentir el mono por la nicotina sino también la empatía y la tolerancia por los que antes eran de "los suyos".

A mí me pasaba (y me pasa) un poco a veces como ex fumadora, pero sólo en el ámbito laboral:  me resultaba un incordio que la persona que tenía que entregarme un informe o resolverme alguna duda de trabajo, hubiera abandonado su puesto (y varias veces al día) para salir a fumarse un cigarro. Yo, los donuts recubiertos de chocolate (otro vicio igual de insalubre que el tabaco, por supuesto) me los comía en la mesa y no afectaban a mi productividad para nada (si acaso sólo a la limpieza del teclado, que me lo compraron blanco para más recochineo).

Pero no, no vamos a hablar de adicciones (aunque bueno, en cierta manera sí hay personas adictas al drama). Como les pasa a los ex fumadores que ahora pertenecen a la brigada anti tabaco, yo siento un cierto rechazo (involuntario e irracional, que conste, reconozco que no estoy como para protagonizar Sonrisas y Lágrimas pero tampoco soy hielo como Dexter Morgan),  por las personas que se encuentran clínicamente deprimidas exclusivamente y sin otro motivo que por la alopecia.

Estoy completamente segura de que me pasa esto porque lo he superado totalmente, y por tanto, he perdido el contacto con esta dimensión y la rechazo. Pero no digo que haya sido fácil. Es más, me ha costado sangre, sudor y muchas lágrimas. Aceptarse a uno mismo, valorarse, quererse y no ponerse autozancadillas no es tarea fácil, pero sí, se puede: se puede salir. Se puede salir del agujero de la alopecia, y además, hacer vida 99,999999% normal.

Lo principal es averiguar si se tiene una depresión. En este artículo que se ha publicado en prensa recientemente lo describen grosso modo (aunque lo idóneo es, al menor síntoma, consultar con un profesional de la salud mental).

1) Las tareas normales toman más tiempo. Todos tenemos rutinas y responsabilidades: trabajo, compromisos familiares, amigos, pareja etc... Lo que antes se hacía casi por inercia o por gusto, ahora son tareas que cuestan un mundo y agobian sólo de pensarlo, ¡por ejemplo una reunión de trabajo con clientes, salir a correr cinco kilómetros, quedar para ir de fiesta con tus amigas o dedicarte una mañana a ordenar las estanterías del garaje!

2) Las palabras positivas no ayudan. Máxime lo que estoy escribiendo aquí, muchas pensaréis: "Qué petarda la tía esta del blog con lo de superar los complejos, ¡qué sabrá ella lo que yo siento! ¿De qué va, de diva? A mí lo que me mola es que me compadezcan". Y seguramente en vuestro entorno (la gente a la que le importáis) os trate de animar para que veáis la parte positiva de las cosas, "el vaso medio lleno". Aunque tengas alopecia, eso no anula muchas otras virtudes y facetas positivas de tu vida. Simplemente tus amigos y familiares te quieren animar y odian ver cómo te hundes por esto. Eso sí, coincidiréis conmigo en que la mayoría de los veces que te dicen: "Sólo es pelo", "Pero si con toda la mata que te queda todavía", "Tienes que aceptarte tal y como eres"  sienta peor que una patada en el mismísimo culo...

3) La depresión lo anula todo. Iba a escribir "subimos a un escalón superior", pero no, estamos descendiendo más al hoyo. Los síntomas de depresión (tristeza, agobio, ansiedad, insomnio, frustración, amargura...) anulan todas y cada una de las facetas de tu vida: trabajo, amigos, pareja, familia. Incluso tal es la perturbación que se manifiestan síntomas físicos.  De hecho no es raro que las defensas bajen y estemos con mal cuerpo, con dolores musculares, cefalea, náuseas...

4) Dolor físico. Al hilo de lo que comentaba más arriba. Una depresión no es sólo un problema (por no escribir enfermedad) mental, sino que se manifiesta con sintomatología en nuestro cuerpo. Somatizamos. Sobre todo dolores musculares, fatiga, problemas estomacales, intestinales, molestias en articulaciones, malestar general, pérdida de concentración y de memoria...

5) No es fácil de superar. No conozco todavía a nadie (no dudo que exista) que haya salido de una depresión clínica de estas de manual sin ayuda profesional (al menos, terapia). Una cosa es estar un poco de bajona e ir mejorando nuestro estado de ánimo con ciertos esfuerzos, y otra que pasemos de estar hundidos en la miseria a hacer vida totalmente normal con leerse un libro de autoayuda. Aunque quien lo haya conseguido así, tiene mi total admiración. De hecho, tal y como versa este artículo, que el entorno familiar o laboral presione para que intentes superarlo (que salgas por ahí, que te esfuerces por cambiar de actitud, que te obligues a ver todo de color de rosa), frustra más y genera más ansiedad: empeora la situación de la persona que está deprimida. De hecho, si fuera así de fácil superar una depresión, no estaría catalogada como enfermedad compleja y dificil de tratar.

6) La energía. En mi caso, la depresión no sólo era como cargar con una losa encima y un come-come rayante todo el día (que tenía la hernia de hiato haciendo pole dance con el esófago), sino también como un vampiro (pero nada de vampiro sexy rollo Crepúsculo o True Blood, sino feote y mohoso tipo Nosferatu) que me chupaba la energía vital. Podía pasarme el día durmiendo o tirada en el sofá/cama que siempre me encontraba fatigada, apática, sin ganas ni de meterme en la ducha. Y esto se convierte en un círculo vicioso. A más cansada y desganada, menos te apetece romper la rutina de sofá, silla, cama, y por tanto, más profundo y oscuro se hace el problema.

7) Depresión no siempre es tristeza. Esto puede romperle los esquemas a muchas personas, pero hay depresiones en las que la persona no está triste ni llora, a veces sólo sentimos rabia, apatía, frustración, impotencia, incluso agresividad respecto a los demás, ataques de pánico, y a veces una mezcla de todo. Una persona puede estar clínicamente deprimida pero sin tener ganas de llorar. No es un síntoma imprescindible. Y al revés: porque una persona se emocione o llore con facilidad no significa que esté deprimida ni mucho menos.

8) Disfrutar las cosas de manera.... diferente ¡o no disfrutarlas! Antes de acomplejarme por mi problema (areata), disfrutaba de todo. Me bebía la vida a morro, literalmente. Estudié en el extranjero, salía todos los fines de semana (como no hubiera plan un sábado por la noche menudo drama), viajaba, era voluntaria en dos ongs, trabajaba, tenía un expediente académico brillante, me interesaba por moverme y hacer mil cosas. Empecé a perder el interés: ya no quería salir ni hacer nada. Lo que antes me encantaba (por ejemplo ir de compras o salir con las amigas) me suponía un trauma y un esfuerzo tremendo (que luego ya entrada en materia lo disfrutaba, pero me costaba horrores decidirme a salir de casa). Luego ya la apatía se apoderó de todo, y ya no quería ni bajar al supermercado. Dejé el trabajo. Dejé de relacionarme con la gente. Dejé de salir. Y degeneró en agorafobia, pero me puedo dar con un canto en los dientes, porque una depresión no tratada puede terminar en trastorno psicótico o bipolar, y eso es casi casi para toda la vida. Al menor síntoma de que aquello que te gusta deja de tener ni siquiera sentido: ¡busca ayuda!

9) No hay dos depresiones iguales. Según la OMS, 350 millones de personas en el mundo padecen depresión. Y cada caso, aunque suene tópico, es un mundo. No se trata de curar la depresión con pastillas que te atonten como si fuera un resfriado. Pero por otro lado, no todo el mundo necesita terapia. Lo importante es que consultes con un profesional y no te dejes hundir en la misera, ¿por qué? Porque todo el tiempo que estás perdiendo ya no lo recuperas.

Hay personas que tienen unos motivos "más de peso" para sentirse deprimidas: una enfermedad muy grave (incluso terminal), una discapacidad que anula totalmente tu independencia o tu movilidad, perder tu casa, un problema familiar grave, sufrir acoso en el trabajo, sufrir violencia doméstica, arruinarse y acabar en la calle... No sé, se me ocurren decenas de situaciones que son tremendamente peores que el hecho de perder pelo. Y os lo dice alguien que ha estado dos años sin levantar cabeza por un complejo derivado de la alopecia, ¡con dos bemoles!

El tiempo pone cada cosa y a cada persona en su lugar. Y lo que te hace sufrir hoy, puede que sea algo insignificante mañana (esta frase es de Disney, conste en acta).

10) Hablar de la depresión es difícil. Es tabú. De hecho, la primera vez que me dijeron que tenía depresión, me eché a llorar como una cría. Se me caían los mocos en la consulta y todo. No porque estuviera en desacuerdo con el diagnóstico, sino porque fue como quitarme una piedra de encima: ponerle nombre a "eso" que me pasaba. Y ya sabiendo lo que es, se pueden buscar soluciones. Vale que abandoné la terapia a medias (varias veces) y me negué a medicarme. Pero, al menos, contra todo pronóstico, no me hacía falta un exorcista (me sale a mí una hija neurótica como he sido yo, y me tiro por un puente...) sino un psiquiatra. Y sobre todo, lo que tenía que hacerle era caso. Mucho caso. Hay personas que están deprimidas por un complejo físico (como una alopecia, una obesidad, una deformidad...) y no se atreven a reconocerlo, por lo que no buscan ayuda. La cosa va a peor y la bola de pelo se hace de dimensiones astronómicas.

A veces incluso es difícil encontrar comprensión en tu entorno más cercano: "Estoy de bajona porque se me cae el pelo, me cuesta disimularlo y me da mucha vergüenza que se note". "Cállate, que por ese par de tetas y tu puesto de trabajo, yo me afeito la cabeza si hace falta".  Esta conversación es 100% real y sucedió en 2009 con una compañera de promoción que era muy amiga. Lo que a mí me amargaba la existencia era una minucia para una chica de cuerpo "nadadora" y dos años totalmente desempleada (no la cogían ni con un contrato de becaria).

Como dijo Ortega: cada uno y sus cadaunadas.  Eso sí, reconozco que es de mal gusto hacer de menos a una persona que te cuenta sus problemas, aunque no los entiendas ni los compartas. Es preferible decir: "No puedo ayudarte porque no me puedo poner en la situación de sentirme así" a quitarle importancia o desmerecer sus preocupaciones.

En fin, después de todo este rollo macabeo que me he dedicado a escribir sacando ratitos durante todo el día, creo que sólo puedo decir una frase de una película que, lo creáis o no, es cierta. Y a mí, todavía, cuando la leo, me reconforta mucho:

Nunca llueve eternamente.

Bonnus track, fotograma de la película "Fifty Shades of Grey" sin camisa:
Llamadme aguafiestas pero para mí Jamie Dornan siempre será Paul Spector.

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