domingo, 21 de noviembre de 2010

"Se me cae mucho el pelo": caída estacional de otoño

Hay pocas cosas que me irriten más que los graznidos de Belén Esteban o los 72 minutos de Megavideo. Pero sí que hay algo en particular que despierta mis instintos homicidas: la ignorancia. Pero sólo la ignorancia contumaz, pues nadie nace sabiendo. Por eso, el ser humano ha dispuesto mecanismos de aprendizaje, como un sofisticado espíritu de supervivencia. Sólo con interés y sentido común se les da mil vueltas a los títulos universitarios y a los masters del universo.
Pero nada, que la gente no lee. La gente no escucha, la gente no espabila. Como las vacas mirando al tren. Y los responsables de Márketing de laboratorios farmacéuticos o cosméticos se frotan las manos hasta hacerse sangre. Porque al igual que la memoria colectiva se borra cada 2 años y los políticos aprovechan para manejar la opinión pública del electorado, otoño tras otoño los svensons, aminexiles, pilexiles, pillfoods, inneovs, complidermoles 5 alfa y demás zarandajas hacen el agosto.

Muchas farmacias de dudosa moralidad acogen a comerciales "disfrazados" con bata blanca, que se ofrecen a hacerte en unos minutos un análisis pormenorizado del cabello. Diagnóstico: asesinato. Para frenar esa horrible caída que "ha llegado por sorpresa" después de la resaca de Benidorm y el chiringuito, tienes un tratamiento a base de vitaminas, ampollas y champú por el módico precio de 60 euros. Copón bendito. Y la gente lo compra. A los dos meses o incluso antes, la caída frena, y encima el mérito se atribuye a las dichosas capsulitas.

Nadie se rasga las vestiduras porque a los árboles se les caigan las hojas todos los puñeteros años de septiembre a noviembre, para que en marzo vuelvan a salir.
La caída estacional, como he leído escrito en un publirreportaje de la revista Mariclaire "es un fenómeno que ataca a las mujeres en otoño y primavera". La naturaleza no ataca a menos que se trate de un terremoto o de un tsunami. Cuando empieza el otoño, empieza la caída NATURAL del cabello, y NO, no hay nada que lo frene. Volverá a crecer, incluso para las que tenemos AGA. No pasa nada.

Hace un par de semanas tuve que esperar un buen rato en la farmacia porque estaba llena hasta la bandera por un grupo de marujas ansiolíticas, una excursión de jubilados, y justo detrás de mí una choni que rondaría la veintena con el churumbel en brazos escoltada por su novio Kevin Jónathan de Jesús.

No me emocionó mucho el panorama, así que me acerqué a una señora pinturrajeada que estaba colocando cajas de Pilexil en una estantería, uniformada con bata blanca impecable.

- ¿Tienen collarines blandos?- le dije
- Sí, sí que tenemos.
- Vale, gracias, entonces me pongo a la cola.
- Bueno... mejor pregúntale al chico del mostrador, porque yo no sé...

Pues no, no sabía la pájara si había collarines en stock, porque no trabajaba en la farmacia. Era la comercial de Pilexil. Empezó a darle la brasa a una señora que tenía delante preguntándole si se le caía el pelo.

- Sí, hija, últimamente se me cae más.
- ¿Quiere que le haga un análisis del cabello? Con los productos pilexil la caída se frenará en unas semanas (claro, lo que dura el proceso natural). Son unas ampollas que...
- Déjalo, hija -le interrumpió la señora- yo me lavo el pelo cada 8 días y no quiero ponerme mierdas...

La comercial se quedó con un palmo de naríces, y como buena cazadora de incautos, siguió el orden de la cola hasta darse de bruces conmigo. Me pregunta a mí también si me interesa un análisis gratuito del cabello. Con la iglesia hemos topado.

Dudé unos segundos pues llevaba la microlínea y tuve tentaciones de pedirle que me analizara el cuero cabelludo tal cual, para dejarla en evidencia. Al final opté por no exponerme en público. Le repliqué con mi refinada educación británica que en otoño hay caída estacional y es un proceso fisiológico que no se puede frenar.

Estos comerciales, al igual que los visitadores médicos, están entrenados para vender frigoríficos en el Polo Norte y rebatir lo irrebatible. Me da la razón, pero matiza que también hay gente a la que se le cae más de lo normal por un problema hormonal. Ella estaba ahí para eso, porque podía descartarlo o diagnosticármelo, además de ofrecerme un tratamiento muy efectivo anticaída por sólo 60 euros.

Me puse seria y le advertí que si el problema, en abstracto, fuera hormonal, ya existen fármacos como el minoxidil y el finasteride con prescripción dermatológica. Ante ese argumento, a la tía cazurra sólo se le ocurre ir a por una una caja de ampollas anticaída para mostrarme el número de referencia: "Mira, mira, esto también es un fármaco, porque se vende sólo en las farmacias a través de cofares".

Arqueé la ceja, y le señalé la estantería de dodottis, la de compresas, la de cepillos de dientes... explicándole la diferencia entre un fármaco y lo que no, que Cofares distribuye artículos de higiene, cosméticos y medicamentos con receta, inclusive le dije la diferencia entre la caída estacional y la hormonal.

La mujer seguía leyendo en voz alta las perogrulladas de la caja, hasta que perdí la paciencia, y justo justito cuando iba a soltarle una burrada de las mías, nos asaltó la choni.
Había estado escuchando nuestra conversación y... no había podido evitar interrumpirnos: quería un análisis capilar gratis para ella y su marido.

El farmacéutico de verdad, el que despacha aspirinas tras el mostrador pero alquila la autoridad sanitaria del local para dar credibilidad a la campaña de Pilexil, me preguntó, algo incómodo y por lo bajini, si yo era médico. Entonces le sonreí mientras la comercial pasaba a la rebotica con Kimberly Vanessa, el Jónatan y su indomable primogénito.

¿De verdad hay gente que todavía se sorprende de que el país vaya como vaya?

Compártelo:

|

También te interesaría leer...

Blog Widget by LinkWithin