viernes, 16 de octubre de 2009

Objeción de conciencia y objeción de ciencia

Esta mañana, mientras mis compañeros de departamento han ido a tomar café (soy nueva en la empresa y aún no conozco suficientemente a nadie como para socializar), he preferido quedarme en la ofi leyendo prensa, y me he topado con una blogcolumna que explicaba qué diferencia hay entre las expresiones que titulan estas líneas.

Me encantaría citar directamente al padre de la criatura, pero no recuerdo en qué periódico online o bitácora ha sido publicado. Posiblemente en Libertaddigital o en elmundo.com, ambos ejemplos de imparcialidad y magno Periodismo objetivo (hablaba de la reforma de ley del aborto).

Desde aquí, para no desviar el leitmotiv de este humilde blog, les recomiendo encarecidamente champú ketoconazol 2%; va fenomenal en casos de casposidad patológica.

Total, que el allí firmante opinador ha patinado, pues hablaba siempre de la reforma "que quiere llevar a cabo Zapatero". Hace casi un mes que se aprobó en Consejo de Ministros y a partir de ahí, el trámite es coser y cantar. Ya no es que él lo "quiera", es que va a salir adelante sí o sí. Dudo mucho que la oposición vuelva al Constitucional, porque, a tenor del atasco que han liado con el Estatut, al final les va a dar igual. Y que conste que yo estoy en contra del aborto a mi manera (recordemos que Aznar gobernó con mayoría absoluta y no la derogó, ni retocó una coma en favor del nasciturus).

Lo más valioso a destacar de esa columna, eliminando toda la argumentación tópica y manida de la derechona, es precisamente la diferencia entre la objeción de conciencia y la de ciencia, que si mal no recuerdo decía algo así:

"Un médico tiene derecho a objetar si no está de acuerdo ética o moralmente con una práctica o con la prescripción de un fármaco. Por otro lado, la objeción de ciencia ampara a los profesionales que se nieguen a dispensar fármacos por razones puramente científicas, como la píldora del día después (Norlevo, Postinor...), ya que dicho tratamiento no ha sido ensayado en grupos representativos de menores de edad".

Qué paradójico que no se aplique el mismo rasero con la vacuna de la gripe A. En fin. Tenemos el país que nos merecemos.

Cabe destacar que esta novedosa omisión no es un salvoconducto oficial, sino una propuesta de asociaciones pro vida a profesionales de la salud y, en concreto, a farmacéuticos.

Extrapolemos esto al Finasteride 5mg. Por un lado, los médicos tienen derecho a la objeción de conciencia:

"Hola, soy un dermatólogo fachoso y misógino. Me niego a recetárselo a mujeres en edad fértil, que ahora mismo deberían estar pariendo, planchando, fregando y cocinando al mismo tiempo. Como no quiero quedar como un ogro machista delante de mis pacientes, les recetaré unas vitaminas y les contaré un chiste de gangosos, de mariquitas o de calvos mientras apunto la marca comercial en mi tarjetón de visita".

Y por el otro, a la objeción de ciencia:

"Hola, soy un dermatólogo pasota que no ha leído sobre alopecia femenina desde el catecismo. Por eso desconozco los ensayos clínicos que se han publicado del uso de Finasteride en mujeres. Debido a mi falta de interés y conocimiento de causa no lo voy a recetar por si acaso, no vaya a ser que tenga efectos secundarios o algo así. Como no quiero quedar como un ignorante delante de mis pacientes, les recetaré Diane 35 y Androcur según el protocolo".

Mientras escribo esta simulación social, real como la vida misma, me viene a la cabeza una genial tira cómica de Mauro Entrialgo, que publicó la semana pasada "El Jueves" en su extra "Hijos de puta", en la que explica cuál es la diferencia entre los imbéciles y los hijos de puta: los primeros no obtienen ningún beneficio de su estulticia.

Volvamos entonces a nuestros amigos objetores: ¿quid prodest?

- El primero, el "rancio", no gana nada. Es más, posiblemente pierda a su paciente, que buscará una segunda opinión profesional cuando lleve meses tomando vitaminas y sólo empeore su problema capilar (de origen genético). Por lo tanto, es imbécil.

- El segundo, el desinformado, consigue ganarse la confianza y fidelizar a una paciente que verá el proceso ralentizado y momentáneamente congelado, pero ¿a qué precio? Recordemos que los antiandrógenos son terriblemente perniciosos para la salud, y se obtienen resultados más bien discretos y efímeros. Conclusión, es hijoputa.

video

viernes, 9 de octubre de 2009

Gordix 35


¿Sabíais que... tomar la píldora anticonceptiva en general y Diane 35 en particular genera el mismo riesgo cardiovascular que el de una persona obesa?

miércoles, 7 de octubre de 2009

Finasteride 5mg, espinillas y limpieza de cutis

Llevo algo más de dos meses tomando Finasteride 5mg. Aparte de una reducción de peso involuntaria (el estrés por haber perdido el trabajo podría tener que ver), y que a pesar de seguir con Diane ya no retengo líquidos, en el pelo no he notado nada de nada. Incluso peor, porque lo tengo muy liso per natura y no se me ocurrió otra cosa que ponerme henna castaño claro. Los reflejos coñac me quedan divinos, pero acondiciona tantísimo el pelo (apenas tengo que desenredarlo después de la ducha), que lo tengo más complicado para cardarlo y volumizarlo con el secador, queda lacio. Menos mal que ese efecto suavizante es sólo al principio.

Lo importante. Como efecto negativo, ya os he comentado que ahora me salen espinillas, sobre todo en la barbilla y en la mejilla / parte superior del cuello izquierdo (no sé por qué sólo a ese lado). Esto significa que el cuerpo ya no convierte la testosterona libre en DHT (BIENNN!), pero ésta se queda pululando por el torrente sanguíneo y me genera problemillas cutáneos, nada grave de momento. No sé si el hecho de tomar Diane me está ayudando a que las cuatro granitos no se conviertan en un brote de acné galopante. A lo mejor es cuestión de tiempo, y una vez que pase la barrera de los tres meses el cuerpo capta la indirecta, convierte esos malditos andrógenos de sobra en estrógenos y todo vuelve a la normalidad. O puede que si dejo Diane acabe con la cara como una paella valenciana.

Sin embargo, desde hace una semana sigo una rutina de higiene muy estricta, con varios productos cosméticos, y oye, hace tres días que no me sale ninguna espinilla. Una de dos, o mi idea es brillante y funciona, o mi cuerpo está empezando a acostumbrarse al fármaco. Qui lo sá.

Estos son los productos que utilizo:

* Toallitas faciales limpiadoras con espuma, 3 en 1, exfolian, limpian e hidratan la piel por su contenido en aloe vera (Mercadona)

* Gel limpiador al agua con vitamina C (Mercadona)

* Tónico facial (Mercadona)

* Gel aloe vera 100% puro (Naturalia)

* Roll on de aceite de arbol de té (Oriflame)


POR LA NOCHE:

1) Sacar una toallita del sobre y cortarla en cuatro, que son muy grandes y así se ahorra. Humedecer ligeramente una cuartilla y pasársela muy bien para retirar restos de maquillaje, sudor, sebo, detritus de la calle etc... Aclarar con agua y secar la cara. Si sois fans del rimmel waterproof o de esa ominosa moda eyeliner faraón egipcio-Amy Winehouse, utilizad también la leche desmaquillante Deliplus, que es buena y barata.

2) Lavarse otra vez la cara, pero esta vez con el gel limpiador al agua. Insistir sobre todo en la zona T. Secar.

3) Echar un poco de tónico en un disco de algodón y pasarlo por la cara y cuello, evitando los ojos (básicamente escuece). Os recomiendo que guardéis el frasco en el frigorífico.

4) Una vez que el tónico esté seco, aplicar un poco de aloe vera 100% puro en gel, también en el cuello. Hidrata y suaviza sin engrasar la cara.

5) Personalmente después del tónico utilizo contorno de ojos (Nivea aqua sensation) para esas "molestas líneas de expresión" (patas de gallo, coño). Los años no perdonan.

6) Cuando la piel lo haya chupado todo, aplicar una gotita de aceite de árbol de té sobre la espinilla que queráis destruir. A la mañana siguiente estará seca (es un potente antibiótico natural). En su defecto, un poquito de pasta de dientes.

POR LA MAÑANA

1) En la ducha me lavo la cara con el gel limpiador al agua con vitamina C del Mercadona.

2) Aplico también tónico y contorno de ojos.

3) Si tengo que salir, me maquillo.


* Sé que pensaréis que es igual de coñazo que el minoxidil. Con una diferencia. Y es que el condicionante sociológico que nos obliga a utilizar cremas, maquillajes potingues me hace sentir más mujer. Je.

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