jueves, 26 de febrero de 2009

Chinchampú

Estimadas amigas,

Lamento no actualizar tanto como me gustaría, pero el trabajo me lo impide. Reconozco que soy afortunada, pues apenas he estado unas semanas en el paro. Además por higiene mental me viene muy bien mantener la mente ocupada, porque ociosa es juguete del diablo.

Tengo que calibrar la configuración del blog, ya que leo vuestros comentarios pero no sé a qué post pertenecen, y como llevo escritos unos 40 o por ahí, he de buscar uno por uno para contestar las dudas.

Una amiga me ha preguntado sobre cuál es el mejor champú -ella utiliza uno de Possay- y voy a recomendarle el extra suave de laboratorios Babé. Gran relación calidad precio, siempre canto las alabanzas de la misma marca. No tengo intereses comerciales con ellos, pero ya me gustaría que -ejem ejem- me regalaran muestras, o una cesta llena de sus productos por la promo.


Pero igual que para gustos están los colores, para cada tipo de pelo hay un champú. Si tienes grasa o caspa, y además alopecia, el primer paso es higienizar correctamente el cuero cabelludo. Según varios dermatólogos consultados, no pasa nada por lavar el cabello cada día -no, no se pudre-, pues lo importante es no llevarlo sucio. Cuanta más grasa tapone el folículo, más se atrofiará. Además si no está limpio, el minoxidil no absorbe correctamente.


Por otra parte, tampoco os creáis que lucir una melena impoluta y brillante os vaya a curar la calvicie. Ojalá, pero no. Ayudar sí ayuda. Una vez atajado el problema: caspa, grasa, dermatitis (ketokonazol con receta médica), podemos "mantenernos" con un champú neutro, suave, de uso frecuente. Babé es buena opción, aunque la verdad que hay muchas marcas en el supermercado, más asequibles y no tienen por qué ser de mala calidad. Mercadona por ejemplo.


Sí quiero también añadir que no es bueno lavarse con champú para bebé. Me gustaría vincular algún artículo dermatológico como fuente que lo refutase, pero la verdad, no he encontrado nada. Sólo la experiencia de algunas peluqueras a las que he preguntado y la de dos dermatólogos. Aunque no contiene agentes irritantes para las mucosas -ojitos- sí es un producto abrasivo. Los bebés nacen con una capa protectora que recubre sus fontanelas -una costra más bien- y estos productos se encargan de disolverla. En el cuero cabelludo adulto produce mucha descamación.


Bueno, supongo que habrá gente que lleve 20 años lavándoselo con Jhonson and Jhonson y tenga una abundante, sana y lustrosa pelambrera. También mi abuela se pone tinte del chino y a sus más de 80 primaveras conserva una buena mata. Pero lo que siempre digo... si la fragilidad capilar nos ha tocado cual viacrucis, los experimentos, con gaseosa.

jueves, 12 de febrero de 2009

Descubren relación entre flora intestinal e insulina

Mi homeópata lo vio, en principio, bastante claro. Existe una sobrecarga en el páncreas y eso afecta a mi flora intestinal con la consecuencia de que no me nutro correctamente. Si sumamos a la alteración de insulina que da orden de fabricar más andrógenos de la cuenta, el hecho de tener un intestino "inútil" que no absorbe bien los alimentos, pues pelo, vista y uñas, al carajo.

Para tratarme eso me ha recetado unos sobres que acabo de empezar a tomar: Vitanuar Simbiotics G, cuyo prospecto reza así:


"Contiene una amplia gama de bacterias (11 cepas distintas) que se enuentran de forma natural en nuestro intestino y resisten a los ácidos gástricos del estómago y que se adhieren en las diferentes partes del intestino que a cada una le son propias".

"No solamente contiene esa variedad y cantidad de microorganismos, sino que además aporta fibras como la inulina y los fructooligosacáridos, que son el alimento de dichas bacterias. Contiene 8 vitaminas del grupo B, las más susceptibles de no ser absorbidas en caso de alteración de la flora". Respecto a la inulina -no insulina-, leo en wikipedia que se trata de un polisacárido que protege el páncreas y mejora la calidad de vida de los diabéticos. Además de eso sigo con aceite de onagra, que ayuda a mantener estables los niveles de insulina. Todo esto es muy bonito, pero también he de poner mucho de mi parte: dieta estricta. Mínimo consumo de hidratos de tipo pan, arroz, maíz, pasta -todo esto integral-, patatas, los dulces ni olerlos, el alcohol bien lejos y ejercicio con regularidad.

No obstante me gustaría pensar que estoy cerca de un agradable desenlace para mi caso, y para el de muchas de vosotras. Esto podría ser una respuesta lógica a las que no encontráis razón aparente a la pérdida de cabello. Si tenéis colon irritable, sois propensas a diarreas, malas digestiones, habéis tenido gastroenteritis fuerte, colitis, SOP, abusado de antibióticos por alguna enfermedad infecciosa... acudid a un médico que restablezca vuestra flora intestinal para equilibrar de esta manera la insulina.

A partir de ahí leo este artículo que concluye los resultados de un estudio "que determina si la presencia o ausencia de ciertos microorganismos intestinales puede modular el mecanismo que contribuye a la resistencia insulínica vinculada a la obesidad". Y además de obesidad yo añado -según todito lo que he estado investigando por mi cuenta a lo largo de estos años- hiperandrogenismo. Razón aquí.

"El responsable del trabajo, Chieh Jason Chou, afirmó que "los resultados obtenidos confirman que la modificación de la flora intestinal puede resultar beneficiosa para el control glucémico y la resistencia a la insulina".

lunes, 9 de febrero de 2009

Minoxidil al pelo y Latisse a las pestañas

Hace un par de semanas leí un artículo curioso en la traducción del New York Times que trae El País. Sé que debí haberlo guardado pero se fue al cubo de reciclaje sin querer. Es por eso que he tardado más en subir este post y ahora tengo que hacerme eco de informaciones similares ya publicadas en la blogosfera.
El tabloide neoyorkino habla de fármacos que si bien no pretenden producir beneficios cosméticos, sus efectos secundarios han causado sensación en salones de belleza y clínicas de estética. Como ejemplo paradigmático señalan el bótox, una toxina destinada a tratar las convulsiones faciales que funciona paralizando el músculo y retrotrayendo las arrugas. Por supuesto recoge el principio activo de Propecia, finasteride, medicamento oncológico para pacientes con hiperplasia benigna de próstata que vieron resucitar su melena, amén del minoxidil, el hipotensor que con aplicaciones locales hace brotar pelo.

Gracias a Latisse el target farmacéutico se expande cual abanico. Ya no sólo trabajarán para enfermos de glaucoma, sino que diversificarán beneficios con el lanzamiento del formato en rímel, que hace crecer las pestañas de manera espectacular. Una alternativa a las postizas o a la micropigmentación de párpados. Pero hecha la ley, "hecha la trampa": 3 mililitros, 90 euros.

Recibid un beso de mariposa.

viernes, 6 de febrero de 2009

"Soy el páncreas de Jack"

Estimadas amigas,

Espero que este post os resulte productivo, pues voy a relatar mi experiencia en la consulta homeopática Insaodyt (Madrid). En primer lugar enviar un afectuoso corte de mangas a mis médicos alopáticos, públicos y privados, a los que he peregrinado durante los últimos diez años. Un enorme y suntuoso dedo central enhiesto y orgulloso a modo de saludo para todos ellos, a excepción de Alejandro, médico de familia, el único que quizá por juventud aún no está lo suficientemente quemado y muestra entusiasmo, estudio e interés por las dolencias de sus pacientes.

La medicina alopática va poniendo parches. La homeopática es un TODO, un equilibrio. Zen. Llegué convencida de que me habían detectado algo hormonal -me hicieron análisis de sangre periférica días antes- pero no. De hormonas bien, gracias. Pero sí con una tendencia a desarrollar quistes benignos de ovarios o mamas que tengo que revisar con periodicidad -la última ecografía, antes de tomar ACO, estaba perfectamente-, y seguir con el aceite de onagra a modo preventivo.
El doctor me ha señalado el páncreas como órgano del aparato digestivo que está descompensado. Páncreas e insulina van de la mano, claro, como ya he escrito antes por aquí. Un problema con la insulina dispara la testosterona: "la hiperinsulinemia eleva las concentraciones séricas de la libertad de factor de crecimiento tipo insulina-1 (IGF-1) y los andrógenos". Si hay una hipersensibilidad -genética- hacia éstos que se manifiesta en exceso de vello o alopecia, pues la hemos liado parda, hablando en plata.

La analítica es tan exhaustiva que da la sensación de estar frente a un tribunal que lo sabe casi todo sobre tu vida, inclusive pequeñas dolencias "insignificantes" que nunca has creído relacionar con este problema. Por ejemplo que se me hincharan los pies, que me salgan cardenales con facilidad, gánglios, dolor tensional en el estómago, pérdida repentina de visión -necesité gafas en COU, coincidente con los primeros clareos en la cabeza-, e incluso contracturas en la espalda. Todo eso ha salido reflejado como en una bola de cristal. Ha sido una visita cuasi mesiánica. Ahora espero que el tratamiento haga efecto y dentro de dos meses poder quitarme un gran peso de encima.
Paso informaros sobre qué me ha recetado, aunque de poco os va a servir pues está personalizado y adaptado a mis necesidades particulares:

- Sobres para el intestino Symbiotics (no metabolizo bien y por eso aunque cuide mucho mi alimentación, no me nutro lo suficiente).

- Complemento vitamínico NADH.

- Sedatif (ansiedad)

Y otros dos productos específicos para la alopecia que he de encargar en Oligofarm. Piltac y Preparado Multimineral 120.

-Seguir con el aceite de onagra.

Todo esto -con diferentes posologías- he de tomarlo durante dos meses y volver a consulta a control. Aviso, es caro. En total con análisis y productos el gasto asciende a casi 400 euros. Sé que no está al alcance de cualquier bolsillo, pero si funciona, y yo voy a postear semana a semana cómo me encuentro, creo que me va a merecer la pena. Si efectivamente este señor ha dado con la raíz del problema -páncreas- una vez solucionado sería coser y cantar.

Primero tengo que equilibrar mi cuerpo y cuidar la alimentación -nada de dulces, muy poco pan, muy pocas patatas-. A medio-largo plazo mi pelo mejorará, pues la alopecia es un síntoma de que algo marcha mal. En mi caso parece ser que se trata del páncreas, en otras chicas puede ser la glándula tiroides o incluso los ovarios.

Aún así mi homeópata ha sido realista. Efectivamente las mujeres también podemos heredar la calvicie de parientes hombres, aunque se muestra optimista y cree que recuperaré algo, pero tengo que cuidarme mucho y tener paciencia. Paciencia me sobra, además voy a simultanearlo con minoxidil, y la verdad es que después de tanto tiempo con dos aplicaciones, me veo mucho mejor -estoy prescindiendo del Nanogen, aunque mi pelo sigue siendo lacio y escasito-.

Considero que soy una persona afortunada por haber llegado al fondo del asunto. Ya es el último cartucho que me queda por quemar. Los alopáticos no me detectaban nada anormal, todo era idiopático, psicosomático, por estrés o por hipersensibilidad. Ninguno se fijó lo suficiente, ninguno se interesó -ni públicos ni privados- por mi problema. Sólo parches. Puedo decir que he salido de la consulta muy contenta, con muchas dudas resueltas y ahora me siento bien. Creo ver la lucecita al final del túnel.

Mi consejo, amigas, es el siguiente:

Id a médicos tradicionales -dermatólogo, endocrino y ginecólogo- y haceros TODAS las pruebas: analítica completa, ecografía, glucosa... y si no detectan nada, podéis seguir el tratamiento estándar: acetato de ciproterona más minoxidil, o probar con homeopatía a ver qué tal...

Si queréis datos concretos de la dirección de la consulta, doctor etc.. enviadme mensajes privados en este foro, mi nombre de usuario es Verbatim.

lunes, 2 de febrero de 2009

Dame pan y dime tonta

A los seis años formaba parte de un equipo de patinaje artístico sobre hielo. Ligera como una pluma y ágil como un rabo de lagartija me deslizaba sobre las cuchillas en divertidas coreografías, piruetas, saltos... así pasé las tardes de los viernes y las mañanas de los sábados durante dos años. Compartíamos pista con los de hockey, y nos llevamos más de un empujón -intencionado o no- de los chicarrones del norte que nos miraban con desdén, como al hatajo de renacuajas cursis en mallas que éramos. Buenos tiempos.
Además estaba en edad de asistir a esa escuela pseudo-oficial neocatecumenal, que es la parroquia, para preparar mi alma y recibir a Jesús en Primera Comunión -tal cual lo recuerdo en la tipografía borrosa, manchada y resentida después de tanto fotocopiar el catecismo para los niños-. El grupo que me correspondía por rango y edad sólo impartía catequesis los sábados por la mañana, y eso significaba perder entrenamiento en el polideportivo. No entiendo cómo llegué a convencer a mi padre, que a su vez consiguió convencer al cura, para que me aceptaran en los grupos de Confirmación cada jueves por la noche -20h a 21h- y conmutar la "condena". Dicho y hecho, a los siete años me reunía semanalmente con media docena de quinceañeros granulados -una surreal mezcla entre seminaristas y sátiros salidos-, que aporreaban las guitarras en misa y olían mucho a sudor. Curiosa e ininteligible obsesión del catequista por el pecado y la fornicación. Ahora todo encaja. Al final me convalidaron el cursillo y me llevé una buena hostia, como todos.
Algo se movió en mi interior a partir de ese momento, pues decidí dejar el patinaje a pesar de todo. Cambié los cordones rosas y las orejeras por una raqueta de badminton. Qué sé yo, me dio por ahí, era joven y no sabía lo que quería. También conseguí destacar en ese equipo y no había rival en la cancha que se resistiera a mi revés... era la Rafaela Nadal con volante de plumas. Pero no alcanzaba la edad mínima para federarme y competir, necesitaba cumplir los 12 años. A pesar de eso acudía religiosa y semanalmente a los entrenamientos, y también a los partidos los sábados por al mañana. A calentar banquillo hasta que mi entrenador, un gran tipo, me traía un bocadillo de mortadela con aceitunas -macedonia de cerdo- y una lata de Cocacola. Dos años en reserva. Y cumplí los 11, y le dije al entrenador que me cansé de esperar: "Pero hombre, si sólo son unos meses... ¡aguanta, muchacha!". No hubo tutía. Dejé el deporte en equipo. Para siempre.
He estado pensando en lo que me ha ocurrido durante los últimos dos años, algo curiosamente similar. Casi 24 meses de entrenamiento, con deportividad, sin faltas personales, sólo con saludable diversión. Aún así, llegado el momento real del partido, del cúlmen de nuestro trabajo y sudor, del cara a cara entre contrincantes, salí exultante del vestuario al terreno de juego pero mi nombre volvía a estar escrito en el banquillo. Tonta de mí, cómo no me di cuenta y tiré la toalla antes de ilusionarme con ser la titular de mi equipo. Has vuelto a hacerme creer que valgo lo mismo que un bocadillo de mortadela y una puta lata de Cocacola, Luis, y eso no es jugar limpio. Adiós.

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